Una nueva adicción: el trabajo

Trabajar sin parar, relegar la familia y los momentos de relax en son algunos de los signos que pueden dar cuenta de una adicción al trabajo.

Foto: Web
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Cada vez son más los individuos que ponen el trabajo como prioridad en su vida, trabajando más de 12 horas diarias, dejando de lado la familia, la salud y las actividades recreativas. En la actualidad, la adicción no es fácil de detectar pero sus efectos sobre la salud son claramente evidenciables.

Según el informe que publica el La Prensa, un psicólogo norteamericano y profesor de religión Wayne Edward Oates instauró en 1971 el término en inglés "workaholism" y lo definió como una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesantemente que afecta la salud, la felicidad y las relaciones personales del adicto.

A partir de ello comenzaron los estudios que detectaron las causas de esta clase de adicción.

"Es un daño psicosocial caracterizado por el trabajo excesivo debido fundamentalmente a una irresistible necesidad o impulso de trabajar constantemente", define el informe "La adicción al trabajo", elaborado por el equipo de investigación WoNT de la Universidad Jaime I de Castellón, en España.

Además aclaran que: “se trata de un daño psicosocial" porque el trabajador no se siente bien, presenta síntomas de estrés y malestar psicológico.

La patología muestra una persona que nunca termina su jornada laboral. Llevan el rabajo a casa, trabajen los fines de semana, durante las vacaciones e incluso estando enfermos.

Los adictos al trabajo comparten ciertas características: alta importancia y significado del trabajo, alta vitalidad, energía y competitividad, los hábitos laborales “exceden” siempre lo prescrito, exceso de control, poca comunicación interpersonal, autovaloración, problemas de salud, problemas extra laborales, entre otras.

¿Cómo son los adictos?

Según los investigadores de la Universidad Jaime I de Castellón, los perfiles de personalidad suelen ser más susceptibles a caer en una adicción al trabajo.

Poseen urgencia e impaciencia, hostilidad, autorreferencias constante, sobreimplicación y sobrecompromiso con la organización a la que pertenecen.

Generando peligros de padecer estrés como producto de la manía con riesgos cardiovasculares.

Existen formas de prevención pero si la persona no reconoce e identifica lo que le sucede, cualquier intervención será ineficaz.

"Un tipo de formación muy habitual actualmente, es lo que se conoce como Workshops o talleres específicos de competencias emocionales que generen un cambio de actitudes y la generación de mentalidades abiertas en las personas, a la vez que permiten la flexibilidad y la adaptación al cambio", subrayan los autores del estudio.

"Otro tipo de formación implica el entrenamiento en la reducción de la presión y el ritmo de trabajo a que están expuestos los adictos. Esto implicaría formarlos en gestión del tiempo y enseñarles que es posible combinar el trabajo y la vida privada", concluyen.