Tres días de paro. La protesta más dura del país contra la propuesta de aumento salarial de las más altas de la Argentina, junto con la de Córdoba y la ciudad de Buenos Aires. Parece un contrasentido, pero la verdad es que hay varias particularidades que han empujado a la conducción docente, sustentada en asambleas irreductibles, a la protesta.
La conducción del SUTE es considerada “amiga” en el gobierno. Pero la verdad es que ahora los “amigos” se rebelaron por dos razones. Tienen necesidades electorales, y los maestros saben que aquellas urgencias existen y entonces tensaron la cuerda. Más allá de eso, es comprensible que los trabajadores asalariados quieran ganarle a la inflación y al Impuesto a las Ganancias.
El titular del SUTE Javier Guevara está sentado sobre un polvorín. Tironeado por el gobierno con las amenazas de aumentar por decreto, y del otro lado los maestros más la oposición interna, ve en su futuro un escenario difícil de relaciones duras y posiblemente más conflictos si no se resuelve el presente.
Ahora, tres días de paro en la educación. Más allá de las razones de cada quien, la verdad es que padres y chicos son los rehenes de la disputa.
¿Calidad educativa? No. Eso nadie lo discute. ¿Para qué?