Una particular visión sobre el peronismo

Esta obligación de ser peronistas que los mismos conceptos marxistas y hegelianos nos traen, aparejan una doble disputa.

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Sujeto y sustancia son acaso los términos más hegelianos de la filosofía marxista que resumen, no a nivel conceptual sino, a nivel material (quizás rompiendo con aquella dicotomía entre idealismo y materialismo, entre Marx joven y Marx adulto)  aquel elemento de la metafísica marxista jamás nombrado pero esencial en la dialéctica: la intolerabilidad del régimen (régimen no en su sentido formal sino en el sentido de John William Cooke, entendiéndolo como matriz sistémica, estructural y paradigmática), intolerabilidad tan intolerable que, con este elemento innombrado, el régimen no tendría mas sentido que romperse.

Sujeto y sustancia entendidos así, repítase, como el elemento intolerable para el régimen, no son más –en la República Argentina- que el peronismo, el campo popular y el vínculo intrínseco, medular e inalienable que los une. Es el peronismo, el campo popular y ese vínculo irrompible entre ellos el elemento intolerable para el régimen (vuélvase a leer régimen en el sentido que lo entendía John William Cooke, digamos, un sentido “cookeano” de la palabra), con el cuál el régimen no tendría mas sentido que romperse, léase el sujeto y la sustancia. Porque es el campo popular (y por tanto el peronismo debido a ese vínculo inalienable que los relaciona) el elemento social que la Sociedad Rural, que las corporaciones internacionales, que los Mitres, Lavalles, Rivadavias, Rocas, Onganías, Videlas o Magnettos (y su sistema social-cultural-político-económico) no pueden tolerar, entiéndase el elemento sujeto-sustancia.

Así es como, desde nuestro espacio geográfico pero también histórico e ideológico, desde donde estamos usted y yo, desde América Latina, más específicamente el espacio territorial y ontológico que llamamos República Argentina, la sustancia y el sujeto son una totalidad compuesta por las masas peronistas, porque el campo popular es peronista, porque el pueblo (no el destino o algún Dios, sino el pueblo) eligió a Perón, porque el pueblo eligió lo que el régimen defenestra, lo que el régimen (cookeanamente hablando) considera intolerable, el campo popular eligió al peronismo. Y no estar ahí, donde están las masas, ahí en el modelo movimientista, nacional y popular que el pueblo eligió, que el régimen defenestra, que representa al sujeto y a la sustancia de la dialéctica marxista, es estar –si me permiten el exabrupto- en donde está el régimen, o, en el mejor de los casos, es no estar en ninguna parte.

Esta obligación de ser peronistas que los mismos conceptos marxistas y hegelianos nos traen, aparejan una doble disputa, una primera disputa clara (y por cierto, ya narrada) contra el régimen (en el sentido más cookeano de la palabra) pero también una segunda disputa dentro del peronismo, contra las eternas contradicciones de un movimiento que abrazó/abraza a los burócratas, al lopezreguismo, al strosnismo, a Menem, a Insfrán, a Capitanich, a Alperovich y demás traidores del régimen en el perpetuo y perverso juego pendular del peronismo. Sin embargo, debemos aceptar esta obligación y estar siempre ahí, siempre dentro del peronismo, siempre dentro del elemento intolerable del régimen, compartiendo las convicciones de nuestra clase obrera, compartiendo la causa popular, consintiendo sin pena el terreno de la segunda disputa, la disputa que nos fuerza a tener la batalla ideológica dentro del peronismo, que nos fuerza a convertir al peronismo en un movimiento colectivo y marxista, que rechace el personalismo, la adulonería y la obsecuencia, pero que entienda que es la misión del peronismo (misión dada por el pueblo, como ya ha sido dicho, y no por el destino o por un Dios) encabezar la revolución social, política, cultural y económica en la República Argentina.

Federico Niemetz es estudiante de abogacía en UNCuyo.