Por tercer año consecutivo Mendoza adhirió a los festejos del Carnaval Federal de la Alegría, que se organizó a nivel nacional. En nuestra provincia, la celebración reunió a más de 35 mil personas en el Parque General San Martín, que se mojaron, se tiraron espuma y disfrutaron de muchas propuestas musicales: murga mendocina, murga estilo uruguayo, comparsas y caporales de la comunidad boliviana, carnaval andino y comparsas tropicales.
Desde hace tres años, y luego de que el gobierno nacional haya vuelto a colocar como feriados los dos días de carnaval en el almanaque, la celebración tomó gran auge.
En el municipio valenciano de Buñol -España- se celebra la "Tomatina", en donde los que participan de la fiesta se arrojan tomates y salsa de uno a otro. Los Tomates proceden de Castellón, donde se los cultiva específicamente para esta fiesta -no son de buen gusto para el consumo-. En la India, se celebra el "Holi", una fiesta en honor al dios Vishnu y a la llegada de la primavera: la gente se lanza polvos de colores por la calle y todos los celebrantes quedan teñidos de pies a cabeza.
Los pueblos del mundo tienen este tipo de celebraciones, son válidas, y el parque, es cierto, fue una fiesta y reinó la diversión. Pomos, las características bombitas, baldes, botellas… todos los recipientes fueron válidos para mojarse y mojar. La espuma también estuvo a la orden del día: una marea blanca envolvió a los que se dieron cita en el corsódromo de 500 metros ubicado en la avenida Las Tipas. Otros tantos lo disfrutaron en el Rosedal, donde se erigió un escenario para las murgas y los bailes bolivianos y uruguayos.
Sin embargo, y cuando todo era disfrute, algunos mendocinos se encargaron de empañarlo. La premisa era clara: había lugares preparados para la chaya, y el encuentro sería en el parque. Pero los irrespetuosos de siempre hicieron pasar desagradables experiencias a muchos transeúntes y paseantes de las calles mendocinas. Turistas y coterráneos vieron azorados como varios de los que participaron de este peculiar rito se desbordaban con una manifiesta agresividad contra los que caminaban, paseaban o se disponían a cenar o tomar algo.
Este cronista caminó la noche del martes por las calles Sarmiento y Belgrano, luego de las 22:30, por las cuales bajaron muchos de los que participaron del evento en el parque; y recolectó testimonios de varias personas que fueron literalmente bañadas mientras se encontraban sentadas cenando en los restaurantes que pueblan esas arterias. En muchos de los casos ni siquiera pudieron terminar de cenar, pues los platos y la comida también pasaron por agua y espuma.
¿Controles? Inexistentes. ¿Policías, preventores o personal de Tránsito de la Municipalidad de Capital? Tampoco. ¿Ubicación, civismo?... ¿Qué significará eso?
"¡Atacaron a los mozos! ¿Vos lo podés creer? Tenemos mesas en la calle y comenzaron a lanzar bombitas y chorros de agua. Con mis pobres compañeros se ensañaron: les tiraron las bandejas con las bombitas que les lanzaron. Me pareció algo propio de inadaptados", expresó una joven que trabaja en una reconocida confitería de la calle Emilio Civit.
“Vine a tomar un helado con mi hermana y los nietos de cada una. Me vaciaron una botella de agua helada encima. Cuando grité, me contestaron ‘callate, vieja p…’. La impotencia me hizo llorar. No tienen derecho, tengo 78 años”, comentó Estela, mientras volvía al auto en el que llegó, sin helado y con bronca, en la esquina de Belgrano y Emilio Civit. “Acá había un montón de turistas que no entendían nada, y gritaban como locos mientras los mojaban. Encima, se les mataban de risa en la cara”, agregó la hermana de Estela.
“En nuestro caso, estábamos tranquilos comiendo con amigos y disfrutando, y al grito de ‘caguémosle la cena a los chetos’ nos llenaron la mesa de espuma. ¡Ni siquiera nos mojaron a nosotros! Sólo a nuestra comida”, contó Agustín, de 28 años y miembro de un grupo de cinco amigos que en ese momento cambiaban de mesa y arreglaban con el mozo, para ver si recibían nuevas tandas de platos. "Es triste. Una vez más ese empeño de poner al pueblo en contra del pueblo", comentó amargado.
En el medio de las vías del metrotranvía, una chica ayudaba a otra a levantarse. “Me corretearon cinco pibes, y yo, cruzando con tacos. Tropecé, me caí –por suerte no me golpeé- y, lejos de ayudarme, me mojaron entera igual. Me indigné, y le pude tirar a uno gas pimienta. Por lo menos, ese basura la pasó mal también”, dijo ella, que no quiso dar el nombre.
Algunos de los testimonios más gráficos de lo que pasó ayer en la tarde y sobre todo en la noche, cuando todo debería haber sido una fiesta para los que querían festejar. Insisto: los episodios fueron muchos, y todos desagradables. Una muestra más de que los mendocinos somos, muchas veces, los que adulteramos, viciamos una celebración extralimitándonos, y mostrándonos “de cabotaje”. El lugar estaba designado. La consigna era clara. Pero, claro, había que desubicarse y dar vergüenza. Solitos, mostramos la hilacha. Una pena.