Un violento crimen ha conmocionado a toda la provincia de Catamarca. Una psicóloga de 31 años fue asesinada a cuchillazos en su casa y luego incendiaron el lugar, quedando su cuerpo totalmente quemado.
La víctima fue María Eugenia Rojas, hija de un funcionario del Ministerio de Producción y de una docente de la Universidad Nacional de Catamarca. El hecho ocurrió el martes a la noche, tras la noticia de un incendio en el 1º D del edificio ubicado en avenida Virgen del Valle al 100, en plena capital provincial.
Por el fuego, se formó una intensa humareda que provocó la combustión del colchón y las sábanas de la cama de la joven. El siniestro fue alertado por el encargado del edificio y los vecinos.
Cuando llegaron el cuerpo de bomberos y los efectivos policiales, encontraron el cuerpo de María Eugenia en posición boca arriba, sobre las tablas de la cama, envuelta con una sábana y debajo del colchón.
Aunque al principio se pensó que Eugenia se había suicidado, en unas pocas horas en la autopsia descubrieron que el cuerpo tenía golpes en la cabeza y al menos tres puñaladas mortales. Las heridas fueron hechas en el cuello, la tráquea y en la axila izquierda. En esta última, el asesino dejó el arma, un cuchillo fino y largo, en el propio cuerpo de la víctima.
Las primeras sospechas se inclinan hacia jóvenes que fueron ex parejas de la psicóloga. Estos indicios fueron contribuidos por las amigas del gimnasio al que concurría Rojas y del trabajo, según informó Clarín.
También se hallaron en el muro de Facebook de la propia víctima varios estados que ella escribió: relaciones sentimentales truncas, conflictivas y muchas frases y pensamientos referidos a reponerse de los malos momentos.
Otra de las hipótesis que se barajaron en su momento, aunque con menor fuerza, fue por el lado de los pacientes que atendió la psicóloga, pero como se dedicaba a niños y adolescentes, se descartó por el momento una vinculación en este sentido.
Dentro del departamento también se encontraron evidencias con las cuales se puede reconstruir el hecho. Había una botella de cerveza vacía, posiblemente consumida con la última persona que la vio con vida.
No había rastros de lucha ni faltaban elementos de valor: sus ahorros quedaron en el lugar donde los guardaba, dentro de una bota de cuero.
Sin embargo, un elemento clave puede dar más precisiones: se analizaría de forma urgente el teléfono celular de la víctima, que pese al incendio quedó intacto.