Los casos policiales de 2013 sin resolver en Mendoza

Los asesinatos de Sebastián Prado, Marcos Derpich, José Moreira y Raúl Caicedo y el robo a la joyería Vendemmia están, al igual que otros hechos de menor mediatización, sumergidos bajo un manto de misterio.

Foto: Facebook
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Este año ha sido un punto de inflexión para la seguridad (y su correlativa inseguridad) en Mendoza. Como pocas veces, este 2013 la provincia se ha visto sacudida por una serie de hechos policiales, en su mayoría asesinatos, que han despertado muchas sensaciones encontradas en la sociedad mendocina, coronado por los conflictos policiales y los saqueos de principios de mes.

Sin embargo, lo que llama la atención es que la gran mayoría de estos hechos se encuentran sin resolver. Es decir, todavía no se ha podido determinar el cómo y porqué de estos delitos y mucho menos encontrar a los responsables de los mismos.

Aunque solo formen una ínfima parte del total de hechos delictivos cometidos durante el año, estos casos policiales se han convertido en emblemáticos, tanto porque han impactado fuertemente en la opinión pública y desencadenaron una ola de protestas o porque el misterio que los rodea produce un interés particular en el mismo. O ambas cosas.

A continuación desarrollaremos un resumen de algunos de los casos policiales ocurridos este año en el Gran Mendoza y que todavía no han sido resueltos.

Sebastián Prado. Sin dudas, el crimen más resonante de todos. El asesinato del médico de 36 años ocurrido el 6 de septiembre en la puerta de su casa ubicada en la Sexta Sección de la Ciudad todavía se encuentra bajo un manto de dudas y sospechas sin aclarar que provoca una sensación de cuasi impunidad entre muchos mendocinos.

Pistas hay pocas y resultan de poco peso para la investigación. El único testigo que estuvo en el lugar del crimen es la esposa de Prado, pero la mujer al estar dentro de un auto no pudo ver lo que pasó afuera entre el asesino y su marido, por lo cual su testimonio no sirvió demasiado para aclarar el hecho.

Tampoco hay imputados ni detenidos, ya que los dos sospechosos que habían sido apresados días después del crimen en la cercana Villa Malargüe quedaron liberados por falta de pruebas y convicción de sus coartadas, y todo indica que podrían quedar desvinculados de la causa.

José Moreira. El asesinato del taxista de 48 años acaecido el pasado 31 de octubre en el barrio Aeronáutico de Las Heras también provocó un fuerte impacto social y la movilización de todos los taxistas reclamando por mayor seguridad, develando la problemática de inseguridad que los choferes de taxis y remises padecen continuamente.

Sobre el hecho en sí, hasta el momento lo único que se sabe es que Moreira fue ejecutado de un balazo en la cabeza y que el agresor se encontraba posiblemente en el asiento delantero, al lado del taxista. Estos datos fueron aportados en principio por los ocasionales testigos que pudieron ver algo de lo ocurrido. Sin embargo, ninguno fue capaz de describir al asesino o indicar hacia donde escapó.

Al igual que lo ocurrido con Prado, y prácticamente con el resto de los homicidios sin resolver, a Moreira no lograron sustraerle objeto alguno, aunque a diferencia de los demás, aquí hay más certezas de que el atacante quiso robarle al taxista y, al encontrarse impedido de efectuar el atraco, lo mató.

Marcos Derpich. Hasta el momento nada hace suponer que en el corto plazo pueda registrar algún avance el asesinato del defensor oficial, sucedido el viernes 9 de agosto en el Corredor del Oeste a la altura del cruce con calle Pellegrini en Godoy Cruz.

Esa madrugada, Derpich iba conduciendo su camioneta Susuki Vitara 4x4 negra por el Corredor, y al llegar a la mencionada intersección, recibió un disparo en el costado derecho debajo de la axila. Luego de ser alcanzado por una bala, la víctima terminó embistiendo contra un carolino que se encontraba al costado de la calle.

Al igual que los casos mencionados anteriormente, el asesinato de Derpich tiene muchas lagunas que todavía no han sido resueltas. Entre alguna de ellas, está el móvil del crimen, ya que si bien todavía sigue firme la teoría del robo frustrado, no hay elementos suficientes como para establecer ese motivo como el definitivo.

Tampoco pudo ser hallada el arma homicida, que se estima sería un arma calibre 9 mm, en base a las vainas servidas encontradas en la escena del crimen. Además ha sido muy difícil de precisar si el asesino se encontraba en el interior de la camioneta Suzuki Vitara o afuera de la misma al momento de disparar, aunque el único testigo y las pericias establecen como probable la segunda opción.

Raúl Caicedo. Otro de los homicidios sin resolver. A pesar de que perdió trascendencia frente a otros crímenes posteriores, la muerte del asesor financiero ocurrida el 12 de mayo de este año en la puerta de su domicilio en el barrio Alimentación del distrito de Las Cañas, en Guaymallén, en su momento provocó mucho disgusto en la sociedad, sobre todo porque el hecho coronaba una semana muy violenta para la provincia.

Caicedo llegó al frente de su vivienda en horas de la siesta a bordo de un Chevrolet Aveo gris, pero antes de salir del vehículo fue interceptado por dos sujetos montados sobre dos motocicletas y éstos abrieron fuego contra el hombre. Una de las basas impactó en la axila izquierda de la víctima, provocándole un grave derrame sanguíeneo. Horas después falleció en el hospital Central.

Tras el hecho, los investigadores analizaron la escena del crimen y comenzaron a interrogar a los vecinos del lugar, quienes comentaron lo narrado anteriormente pero no pudieron identificar a los atacantes. También declararon los familiares de Caicedo, quienes confirmaron que el hombre había sido víctima de un ataque similar en diciembre pasado, pero con motivo del robo de una importante suma de dinero.

Sin embargo, en esta ocasión los atacantes no se llevaron nada, con lo cual hizo que la investigación comenzara a descartar la hipótesis de robo y centrarse en un posible ajuste de cuentas. Pero el entorno de Caicedo niega que la víctima estuviera involucrada en negocios turbios y sostiene la idea de un asalto frustrado que terminó con la muerte del hombre de 57 años. Hasta el día de hoy no hay detenidos y la causa no ha avanzado desde hace meses.

Robo a la joyería Vendemmia. Si bien no fue un asesinato, la espectacularidad del hecho y el robo de la corona de la Reina Nacional de la Vendimia hicieron que el atraco a la famosa joyería céntrica estuviera en la primera plana de todos los medios de comunicación y el caso fuera seguido como pocos.

El 12 de mayo pasado, la tradicional joyería ubicada en avenida San Martín de la Ciudad fue asaltada en horas de la madrugada. Los ladrones accedieron al local por una playa de estacionamiento ubicada en calle 9 de julio, paralela a la avenida donde se ubica el comercio. A través de un boquete que realizaron en una de las paredes, los cacos lograron ingresar al sector donde se encontraba la caja fuerte.

Allí los ladrones se hicieron con un cuantioso boquete que incluía joyas de altísimo valor y, según algunas fuentes, una importante suma de dinero producto de una importante venta. Pero lo llamativo fue que los delincuentes también sustrajeron la corona original de la Reina Nacional de la Vendimia, la cual guardaban celosamente.

Pero la tristeza fue paliada parcialmente casi 24 horas después del atraco: el abogado Martín Ríos se comunicó con el fiscal Daniel Carniello, quien tiene en su poder la causa, para avisarle que un cliente suyo de identidad reservada se acercó hasta su oficina y le entregó la corona en perfecto estado para que la devolviera. Finalmente el letrado le entregó el emblemático objeto a la Justicia, pero del resto del botín no se supo más nada.

Las pistas fueron varias, pero no determinantes. Las cámaras de seguridad de la joyería registraron los movimientos de los sujetos, pero no pudo identificar sus rostros. También se encontraron huellas dactilares en las cámaras, y las mismas fueron enviadas tanto a la base de datos provincial como nacional, pero dieron resultados negativos.

También despertó mucha polémica la actuación del abogado Ríos, ya que nunca develó quién le había entregado la corona, amparándose en el derecho al secreto profesional, aunque aseguró que su clienten nunca estuvo involucrado en el robo. Hasta el día de hoy no hay detenidos y, obviamente, el cuantioso botín nunca se recuperó.