"La esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación al delito". Esa frase fue pronunciada alguna vez por el filósofo alemán Pierre Villaume y bien podría aplicarse a lo que ocurre en estas horas con el expediente que investiga la muerte de Cristian Puleo, ocurrida la madrugada del sábado 9 de noviembre durante un asado entre amigos en Lunlunta.
A pesar de que la declaración judicial de quienes estaban con el joven rugbier fue contundente y clara —todos admitieron que habían adquirido y consumido drogas—, jamás la justicia intentó buscar a quien les vendió narcóticos esa noche de fiesta. Ello a pesar de que el nombre del dealer —un vendedor menor, pero vendedor al fin— aparece claramente mencionado por uno de los amigos de Puleo y ubicado en la zona de Palmares.
Se insiste: no se trata de una versión periodística ni de trascendidos, sino de la declaración puntual y concisa de los amigos del rugbier. Todos admitieron haber consumido LSD y marihuana ese fin de semana.
No obstante ello, la Justicia poco y nada ha hecho para intentar develar lo sucedido esa noche. La causa judicial sigue con la misma insípida carátula: “Averiguación de muerte”.
¿Cuánto más se puede demorar la Justicia en saber qué sucedió concretamente? ¿Existe interés en hacerlo?
Susana Muscianisi, a cargo de la Oficina Fiscal nº 10, admitió anoche a MDZ que no hay imputación aún sobre nadie en particular y que el expediente sigue en veremos. “Estamos esperando el resultado de la prueba que se mandó a hacer en Buenos Aires”, dijo la funcionaria. ¿Tanto puede demorarse una contraprueba que en la mayoría de los casos no demora más de 72 hs?
El estudio, que fue impulsado por el entonces fiscal subrogante Juan Tichelli ante el Cuerpo Médico Forense, intenta confirmar o refutar la prueba que se hizo sobre el cuerpo de Puleo y que arrojó que no tenía rastros de LSD.
En realidad, el estudio se hizo tardíamente dando la posibilidad al ácido lisérgico de no dejar rastros en el organismo del joven deportista. Como publicó en su momento este mismo diario, el LSD persiste solo unas horas y luego desaparece, a diferencia de la marihuana que sí es detectable al paso de los días.
El ex ministro de Salud provincial Sergio Saracco, no solo refrendó esa posibilidad sino que además advirtió que la marihuana que se encontró en la sangre del fallecido podría haber causado la broncoaspiración que produjo su deceso.
Mientras esto ocurre, toda una familia insiste en esperar algún tipo de respuesta por parte de la Justica mendocina. Hay desazón y sabor a poco, frente a la quietud de un expediente que es el espejo de lo que viven muchos otros jóvenes en el marco del consumo de drogas prohibidas en la provincia.
¿Quién los cuida desde el Estado? ¿A alguien les interesa?
Miguel Puleo, padre del rugbier, contó hace unas semanas una anécdota que desnuda esa preocupación: “El otro día mi hijo mayor, el hermano de Cristian, me decía: ‘Papá, vos no podés estar cuidándonos cuando no estamos con vos'". La crudeza de esas palabras exponen el estado de abandono que muchas se veces se da a los jóvenes mendocinos.
Como sea, las explicaciones son pocas y no conforman a nadie. Por caso, la fiscal Muscianisi no quiso dar mayores detalles del avance de la causa. Su excusa ayer no tuvo vueltas: “Estoy manejando, no puedo hablar más”.