Un atajo para identificar el autismo

Un grupo de científicos afirma la importancia del contacto visual mientras que otros destacan las diversas características que posee un niño con esta patología. MDZ te cuenta qué situaciones resultan alarmantes y cómo se pueden tratar.

Foto: web
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Un grupo de científicos norteamericanos afirmaron que el autismo se puede identificar tan solo, a través de la mirada del niño en sus primeros meses de vida.El grupo de investigadores del Centro Marcus de Autismo en Atlanta y la Escuela de Medicina de la Universidad Emory -Estados Unidos- han detectado marcadores en dos bebés de seis meses de edad que más tarde fueron diagnosticados con autismo utilizando la tecnología de seguimiento ocular para medir la forma en la que estos menores ven y responden a las señales sociales.

Tema que cuestionan a lo largo del mundo los diferentes especialistas. Desde Buenos Aires, la psicóloga Laura Ricci reflexionó: “Es una patología que se detecta de forma personal, analizarla desde un lugar absoluto y general podría ser un error”.

Todo comenzó cuando, los investigadores, utilizaron tecnología de seguimiento ocular para medir la forma en la que estos menores ven y responden a las señales sociales. De esta manera,  encontraron una disminución constante en la atención a los ojos de otras personas en niños diagnosticados posteriormente con autismo.

¿Cómo se puede percibir el autismo en un bebé o en un niño pequeño?

En primer lugar, resulta muy importante conocer de qué se trata esta enfermedad. Porque según  la Confederación de Autismo en España “el autismo como parte de los Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), es un conjunto de trastornos complejos, que afectan al desarrollo del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, especialmente en los aspectos relacionados con el procesamiento de la información que proviene de los estímulos sociales”.

Las causas pueden ser diversas; no se trata de una causa biológica única, sino que hay que considerar varios factores que pueden estar implicados. En la mayoría de los casos hay que considerar factores hereditarios. Pero, los genes por sí solos no pueden explicar todas las variaciones que se dan dentro del espectro de autismo. Hay que tener en cuenta la interacción entre el potencial genético y el entorno biológico antes y durante el nacimiento.

Es por eso que el doctor Eduardo R.Hernández González, pediatra y terapeuta de la conducta infantil, menciona teorías que pueden ser el origen de esta patología:

La teorías genéticas, inicialmente se consideró  un mecanismo de transmisión autosómica recesiva, pero actualmente se piensa que existen menos de 10 genes que actúan de manera multiplicativa. Además, ha señalado el llamado síndrome del cromosoma X frágil, es decir la falta de sustancia en el extremo distal del brazo largo del cromosoma, como causa del síndrome autista.

Por otro lado, el especialista habla de las teorías neurobiológicas. Se habla de las anormalidades en los neurotransmisores, específicamente de la serotonina que se encuentra aumentada en los niños con síndrome autista, que altera el funcionamiento cerebral. También, otras investigaciones hablan de alteraciones en el cerebelo, alteraciones en el volumen cerebral, en la corteza cerebral y en el sistema límbico.

Mientras que las teorías psicológicas abarcan la teoría socioafectiva; los autistas carecen de componentes constitucionales para interactuar emocionalmente con otras personas. La teoría cognitiva postula que las deficiencias cognitivas se deben a una alteración que se denomina metarepresentacional, que es la responsable de que los niños puedan desarrollar el juego simulado y que puedan atribuir estados mentales con contenido a otros, y la teoría cognitivo-afectiva, que plantea que las dificultades de comunicación y sociales tienen origen en un déficit afectivo primario que se halla estrechamente relacionado a un déficit cognitivo.

Es por ello, que el grupo de investigadores del Centro Marcus de Autismo en Atlanta y la Escuela de Medicina de la Universidad Emor, destaca que es importante identificar los bebés a edad temprana para diseñar intervenciones exitosas.

En esta ocasión, los profesionales siguieron a los bebés desde el nacimiento hasta los 3 años de edad y aquellos que más tarde fueron diagnosticados con autismo mostraron disminución de la atención a los ojos de los demás, desde la edad de dos meses en adelante, según los resultados de este trabajo, que se publicaron en Nature.

¿De qué otra forma se detecta la enfermedad?

De los 18 a los 36 meses, los niños poseen  sordera aparente, no responden a las llamadas e indicaciones, no persiguen por la casa a los miembros de la familia ni alzan los brazos cuando están en la cuna para que le agarren. Parecen ignorar ciertas situaciones.

Por otro lado, no suelen sonreír, ni alegrarse con la presencia de algunos de sus padres o familiares, no señalan con el dedo, tienen dificultades con el contacto ocular, casi nunca lo hace y cuando miran hay veces que parece que "atraviesan con la mirada" como si no hubiera nada delante de él.

No miran a las personas ni lo que están haciendo, cuando se caen no lloran y no buscan consuelo, también son excesivamente independientes, reaccionan desproporcionadamente a algunos estímulos, no reaccionan cuando se los llama por su nombre, prefieren jugar solos, no dicen chau ni hola y no saben jugar con los jueguetes.

A partir de los 36 meses de edad, los autistas tienden a ignorar a los niños de su edad, no juegan con ellos ni buscan interacción, presentan movimientos esteriotipados o repetitivos, tienen una ausencia o repetición de lenguaje y evitan la mirada y el contacto.

Pero lo alarmante surge cuando el niño está en su mundo, balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses, no dice palabras aisladas con 16 meses, no dice frases completas con 24 meses y cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Es por eso, que los autores del estudio analizaron dos grupos de recién nacidos, con bajo y alto riesgo de tener trastornos del espectro autista. Los bebés de alto riesgo tenían un hermano mayor ya diagnosticado con autismo, lo que aumenta 20 veces las posibilidades de desarrollar la condición.

De esta forma, analizaron a los niños en sentido longitudinal y confirmaron sus resultados de diagnóstico a los 3 años.

En pleno diagnóstico, los médicos encontraron una disminución constante en la atención a los ojos de otras personas, desde los dos hasta los 24 meses, en niños diagnosticados posteriormente con autismo. Característica que va de la mano con las propiedades de un niño con esta patología mental.

Los observadores, además advirtieron que lo que veían no sería perceptible a simple vista sino que requiere una tecnología especializada y mediciones repetidas de desarrollo del niño.

Pero Warren Jones, el autor principal del estudio, destacó: "Los padres no deben esperar ver esto sin la ayuda de la tecnología y no deben preocuparse si un bebé no mira a los ojos en cada momento”.

Además agregó: “Antes de que puedan gatear o caminar, los niños exploran el mundo de forma intensa mirándolo, fijándose en caras, cuerpos y objetos, así como los ojos de otras personas. Esta exploración es una parte natural y necesaria del desarrollo infantil y de esta forma se establecen las bases para el crecimiento del cerebro”.

¿Tiene cura?

Los profesionales que se especializan en este tipo de caso, destacan que por el momento, no existe ninguna cura para los autistas. Sin embargo, existen factores que van a influir de manera importante en el desarrollo de la persona que los presenta y en su calidad de vida.

“Es fundamental que el diagnóstico se realice de manera precoz y que el niño o la niña reciban una apropiada intervención temprana. Los recursos educativos y comunitarios deben ser los adecuados a sus necesidades individuales, y que disponga de una red de apoyo que facilite su participación social”, indicó la Confederación de Autismo.

El contacto con los ojos juega un papel clave en la interacción social y el desarrollo y en el estudio, los niños cuyos niveles de contacto con los ojos disminuían más rápidamente también eran los que estaban más afectados por la condición en el futuro. ¿Certeza o casualidad?