Fin del misterio: ¿Por qué se pelean los hermanos?

La competencia por el amor de sus padres es el primer factor de discordia, sumado a los celos y a la diferencia entre las personalidades pueden generar distintos conflictos entre los hermanos que los padres deben solucionar a tiempo.

Foto: Web
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Una de las causas más comunes de problemas dentro de la familia son las peleas entre hermanos, estas suelen tener su orígen en la niñez, pero si las diferencias entre los pequeños no son observadas por sus padres y solucionadas a tiempo, pueden ocasionar diferencias  irreconciliables en la madurez.

La Orientadora Familiar, miembro de la Fundación Nuestros Cimientos, Patricia Vieira,  brindó su parecer al respecto y explicó que deben hacer los padres ante estas situaciones:

La convivencia casi continua en el hogar crea roces y tensiones casi inevitables entre los miembros de la familia.

En el caso de los hermanos es más evidente aún esa situación porque la rivalidad se genera por un motivo muy fuerte: compiten por el amor de sus padres.

El tiempo, la atención, el cariño y la aprobación que los padres pueden dedicar y dar a cada hijo sumado a las diferencias de edad, sexo y carácter generan las peleas y la rivalidad entre hermanos.

Señala Gerardo Castillo Ceballos que “los hermanos riñen entre sí porque todavía no han aprendido el difícil arte de la convivencia, que incluye el desarrollo de algunas virtudes humanas, como el respeto, la comprensión, la justicia, la sinceridad, la lealtad, etc.”.

Tenemos entonces un factor esencial para explicar la rivalidad: dificultades en el aprendizaje de la convivencia.

No es sencillo convivir, respetar al otro en sus decisiones, aceptar los límites que impone la división de poderes en la familia donde los padres son los guías y maestros de la vida.

La familia es ese lugar donde cada uno de sus miembros es aceptado tal como es, y sin embargo, los celos y la envidia dominan muchas veces la escena familiar.

Es tal vez cuando la agresividad alcanza sus mayores expresiones y roza con la violencia. Las conductas agresivas, a veces pueden ser repetición de conductas aprehendidas, fuera y dentro del seno de la misma familia.

De ahí la importancia y la responsabilidad de los padres de conocer profundamente a cada uno de los hijos para poder reforzar sus debilidades y tratar de transformarlas en virtudes a través del amor, la comunicación y el ejemplo.

Es importante que los padres recalquen siempre el valor de una familia unida por
el amor y con una visión trascendente de la misma.

Es de vital importancia tratar de resolver el tema de los celos y la envidia, de lo contrario se prolongará a través del tiempo, y es frecuente ver hermanos que han roto su relación fraternal en la adultez o cuando los padres han muerto.

Podemos señalar que el origen de la rivalidad entre hermanos obedece a distintos factores:

Uno de ellos es el problema de los celos. El nacimiento de un nuevo hermano puede ser percibido como una amenaza y perder todo aquello que disfrutaba.

Un segundo factor puede ser el favoritismo: cuando los padres se muestran de forma diferente con sus hijos, y él o los demás hermanos creen que prefieren a uno más que al otro; esta situación muchas veces se da cuando uno de los hijos sufre de alguna enfermedad seria o es más débil en cierta manera a los de más hermanos y necesita de mayor atención.

Estas actitudes originadas en la infancia deben ser resueltas en la niñez para evitar que unos simples celos se prolonguen de adultos impidiendo una relación fraternal de calidad.

Un tercer factor es la identificación de algunos padres con sus hijos. Aunque este tipo de sentimientos suelen ser normales, los padres deben tener el suficiente sentido común como para no desbordar su cariño y atención hacia uno solo de sus hijos.

Como hemos visto, algunos padres enfrentan a sus hijos con otros con el objetivo de estimularles. El hecho de comparar a los hermanos por sus habilidades físicas o intelectuales fomenta la rivalidad. Un cuarto factor puede darse cuando uno de los hijos resulta ser el más dócil, el más obediente, el más atento y los padres recurren a él más que a los otros pues reciben inmediata respuesta a lo solicitado

En estos casos dividir distintas responsabilidades entre los hermanos resulta provechoso para todos y no se recarga a uno solo.