El Malbec hace tiempo fue llamado a ser la variedad más representativa de la vitivinicultura argentina, junto a otras como el Torrontés o el Bonarda.
Para debatir sobre su futuro, sobre los rasgos de personalidad que se le quieren imprimir para diferenciarlo en los mercados mundiales, en abril, todos los años, desde el 2000, se realiza en Mendoza el “Encuentro con el Malbec”, una reunión que concentra la atención de los actores de esta variedad emblemática argentina, destaca el sitio especializado en vinos Vino X Vos.
La versión 2002 fue pospuesta un año por la conocida crisis argentina.
Generalmente el encuentro posee una agenda abierta para debatir acerca de lo que se espera y se quiere sobre el Malbec argentino. Según sus mentores, Carlos Catania (enólogo de Finca Propia en Tupungato, Mendoza) y Silvia de Del Monte (enóloga en la Bodega Experimental del INTA en Luján de Cuyo, Mendoza), “para que todo el mundo aprecie y disfrute al gran vino del fuego”.
Terruños del Malbec
Esta variedad se ha adaptado perfectamente a la denominada Zona Alta del Río Mendoza. Es una región que se extiende desde los 650 metros sobre el nivel del mar hasta los 1.060 metros.
A medida que el viñedo va ganando en altura, las temperaturas descienden y esto propicia amplitudes térmicas importantes, lo cual permite la suficiente insolación que favorecerá el desarrollo del color, fundamental en los tintos. Las noches frescas influyen en la expresión aromática.
Dado que es un cepaje vigoroso, el Malbec exige suelos pobres, con marcado desnivel y pedregosos. Estos factores se suman a la poda criteriosa, los raleos de racimos –cuando son necesarios- que dan como resultado vinos muy bien estructurados y de gran concentración.
En Mendoza durante mucho tiempo se destinó esta uva a cortes. Hoy tiene gran presencia como un varietal con especial proyección en los mercados internacionales.
Obedeciendo a la tendencia que marca el consumo en todo el mundo y también a la orientación de las técnicas de elaboración, el Malbec, tiene una muy buena relación con la madera.
Su crianza en barricas de roble estabiliza el color, le aporta complejidad a los aromas y gustos y le da soporte a su estructura. Además lo hace un vino con interesantes aptitudes para la guarda, superando a muchos vinos de Mendoza, incluso a algunos Cabernet Sauvignon.
Vista: el Malbec es un vino de color muy intenso que se diferencia de sus similares caldos rojos. Posee destellos azulados y violetas.
Nariz: es un vino muy frutado, donde se puede encontrar aromas a ciruela, guinda, menta, café, trufas, pasas de uva, chocolate, tabaco, pimienta, anís, canela, almendras y frutos secos, entre otros. Cuando se identifica la manteca es que ha experimentado durante su vinificación la fermentación maloláctica que es el paso del ácido málico a láctico.
Boca: esta noble casta cuenta con una amplia variedad de polifenoles que le permiten producir vinos voluminosos, corpulentos, espesos y de mucha personallidad, aunque más fáciles de beber, por ejemplo, que un Cabernet Suvignon que es mucho más estructurado. Cuando se dice que se está en presencia de un vino redondo se habla de los taninos dulces, suaves, que no producen astringencia (sequedad) en la boca y se ajustan gratamente al paladar.