Esa fue su situación hasta que un día tomó una idea del jardín, combinada con algunos procedimientos básicos prestados de la industria aeronáutica, y se le ocurrió una solución muy simple para tratar su afección cardíaca, contó la BBC.
Después le tocó convencer a los cirujanos de que se lo pusieran. Nueve años después, su invento ha ayudado a más de 30 personas con situaciones similares.
Andrew Ellis, futbolista entusiasta, también es uno de los que se ha beneficiado de la inventiva de Golesworthy.
Con sólo 27 años, Ellis explica que fue aterrador someterse a una intervención médica experimental probada por tan poca gente, pero se alegra de haberlo hecho.
Golesworthy ahora está llamando a cirujanos de toda Europa para que empiecen un ensayo que ponga a prueba su dispositivo en terapias más convencionales.
Como Ellis, Tal Golesworthy tiene el síndrome de Marfan, un trastorno en el cual los tejidos conectivos del cuerpo son defectuosos. Normalmente estos tejidos actúan como sostén de los órganos principales, también se encargan de que permanezcan en su lugar y mantengan su forma.
Cuando el corazón bombea sangre por el cuerpo, la aorta -arteria principal- se estira para acomodar el flujo de sangre. En la mayoría de las personas se relaja y vuelve a su tamaño normal, pero puede que esto no ocurra en quienes sufren del síndrome de Marfan.
A Tal Golesworthy le costó convencer a los cirujanos que lo dejaran buscar y desarrollar otra alternativa para su trastorno.
Fue allí donde Golesworthy tomo en cuenta que corría el riesgo de que un día su aorta se estirara tanto que estallaría. Durante una revisión rutinaria en el año 2000, le avisaron que había llegado la hora de considerar una cirugía preventiva.
El problema es que no quedó muy impresionado con las opciones disponibles. La cirugía tradicional es larga y compleja e incluye sustituir la parte estirada de la aorta por un injerto artificial. Algunas veces los cirujanos tienen que colocar válvulas de metal dentro del corazón para remplazar las que se tienen que cortar.
"No quería que mi vida siguiera entre algodones, por lo que pensé que podría salir con algo menos molesto y complejo que no requeriría que me quitaran una parte de mi corazón", contó a la BBC.
Así que él mismo diseñó una solución: "Si la manguera se está abultando, debo conseguir algún tipo de cinta aislante y envolverla por la parte exterior para evitar que se abulte. Es así de crudo y simple, y todos lo hemos hecho en nuestros jardines".
No fue nada fácil convencer a los cirujanos de que él podía mejorar la técnica disponible hasta ese momento. Pero logró persuadir al profesor Tom Treasure, que entonces estaba en el hospital Guy de Londres, y al profesor John Pepper, del hospital Royal Brompton de Londres, de que podían aprender una que otra cosa de las técnicas de ingeniería.
Un experimento
Tres años fueron necesarios para que el equipo, cada vez más grande, perfeccionara el procedimiento. El resultado sería un manguito personalizado que se sutura alrededor de la arteria alargada, lo que ofrece un soporte estructural y evita que siga creciendo.
La hipótesis fue que al colocar el manguito en la parte exterior -en vez del interior- de la aorta, reducirían la complejidad de la operación, se eliminaría la necesidad de tomar anticoagulantes y la intervención quirúrgica duraría menos.
"Había pasado toda mi vida profesional gestionando distintos proyectos, pero este era completamente diferente. De repente mi aorta está arreglada. Empecé a respirar con normalidad y a dormir bien y relajado de una forma que no lo había hecho en muchos años"
Y tres años después de iniciar el proyecto, estaban listos para dar el gran paso. Golesworthy sería el primer conejillo de indias.
Para lo que pensó: "Había pasado toda mi vida profesional gestionando distintos proyectos, pero este era completamente diferente".
La operación de dos horas se realizó en el hospital Royal Brompton. Casi una década después, la aorta de Golesworthy no ha crecido.
"De repente mi aorta está arreglada. Empecé a respirar con normalidad y a dormir bien y relajado de una forma que no lo había hecho en muchos años", recordó.
Así que se sometió a la misma intervención del ingeniero y cinco años más tarde los exámenes muestran que su aorta no se ha agrandado.
Golesworthy hizo un llamado -a través de la revista European Heart- para que varios investigadores pongan a prueba su dispositivo.