Es sabido ya que la Argentina dejó de ser un país de paso de la droga para transformarse en tierra de consumo. Ahora, es un país productor de droga.
Según un informe de La Nación, existen laboratorios que pueden producir hasta 700 kilos de cocaína por mes, mayor cantidad de cocinas de estupefacientes desbaratadas por las fuerzas federales y hasta casos de "alumnos" que fueron enviados a "escuelas" de Bolivia para aprender a cocinar droga forman parte del preocupante escenario del narcotráfico local.
Fue este escenario y la violencia que ha desatado en el país fueron lo que llevó a la Iglesia a advertir sobre el avance del narcotráfico y a denunciar la complicidad estatal, y a la Corte a reclamar urgentes medidas al Gobierno para frenar el avance de ese flagelo.
Los laboratorios de estupefacientes empezaron a surgir con fuerza en los últimos cuatro años y se hicieron más complejos. Dos de esos centros de producción descubiertos en los últimos 16 meses ingresaban en el mercado más cocaína que las 5,6 toneladas decomisadas este año por las fuerzas federales y la policía bonaerense.
El consumo interno de droga tiene ahora una importante fuente de abastecimiento local.
Hace diez años, la Sedronar señalaba la desarticulación de diez laboratorios, artesanales, con capacidad de procesar mínimas cantidades de cocaína. Este año ya son 20 las cocinas descubiertas por la policía bonaerense, que el año pasado desarticuló 21 de esas fábricas de drogas.
Pese a detectarse laboratorios más importantes, la producción local aparece, por su volumen mediano, destinada a ser parte del consumo local y no a integrarse en cargamentos mayores.
Muchas sustancias son controladas por el Registro Nacional de Precursores Químicos, a cargo de la Sedronar, debido a su potencial uso en la elaboración de cocaína. La venta de esos químicos es monitoreada desde la fábrica hasta su destino final en procura de evitar desvíos ilegales. El contrabando de esas sustancias hacia Bolivia fue siempre el camino inverso del ingreso de la cocaína en el territorio argentino.