A un mes del crimen del médico Sebastián Prado, poco y nada ha avanzado la causa judicial. Los únicos dos sospechosos que tuvo el expediente fueron liberados a poco de haber sido capturados. Las dudas que siguen sin responderse.
Hace exactamente un mes, el 6 de septiembre de 2013 Sebastián Oscar Prado era asesinado en la puerta de su casa, en la Sexta Sección, frente a su familia.
De profesión médico traumatólogo, tenía 36 años y estaba a punto de casarse con la madre de sus hijos, Carla Santarelli.
No obstante, el destino estaba por jugarle una mala pasada, justo cuando estaba por salir con su mujer y sus hijos. De la nada, apareció un hombre encapuchado que, sin mediar palabra, le disparó cinco tiros, dos de los cuales le causaron la muerte poco después.
Segundos, antes, Sebastián estaba cargando algunos enseres en su camioneta, al tiempo que ubicaba a sus pequeños en el asiento de atrás.
Todo lo que escuchó Carla fueron varios disparos y un insulto. Luego la locura y la muerte, que culminarían en una camilla del Hospital Lagomaggiore.
A partir de esos pocos datos, todo es duda y misterio. La propia Santarelli asegura no haber visto ningún intento de asalto, aún cuando estuvo en el lugar del hecho.
Su madre Adriana, suegra de Prado, aseguró: "No le robaron nada, todavía no entendemos por qué lo mató".
Lo ocurrido movilizó a la sociedad mendocina, harta y furiosa por la creciente inseguridad local. El gesto tuvo sus frutos, al menos de manera temporal: pronto, el ministro de Seguridad, Carlos Aranda, anunció que se había detenido a los posibles autores del homicidio. Uno aparecía como el que gatilló contra el galeno, el otro el que habría hecho apoyo logístico.
El optimismo duró menos que la decepción: pronto se supo que los detenidos —Ismael Andrés “Pipi” Merlo y Jonathan “Johnny” Morales— eran meros “perejiles”, sin vínculos concretos que los vincularan con el crimen de Prado.
¿Fue una mera estrategia para aquietar el malestar social? ¿Quién señaló a Morales y Merlo ante el fiscal y por qué lo hizo? ¿Fue una declaración espontánea o interesada?
Peor aún: ¿A quién le sirvió que trascendiera que el crimen del médico estaba casi esclarecido?
Los interrogantes se suman a los que acumula el propio expediente, donde las contradicciones están a la orden del día. El mismísimo fiscal Carniello admitió a MDZ que "es una causa realmente complicada por las circunstancias en las que se dio (el crimen)".
Los detalles que arroja la causa judicial, escapan a toda lógica posible. Al menos de acuerdo a lo que dicen todos los manuales de criminalística. Por caso, ¿cuántos antecedentes de robos de autos incluyen el disparo de cinco proyectiles de fuego? ¿Cuántos se hacen con la cara encapuchada?
No son las únicas preguntas: ¿Quién podría ser capaz de robar una camioneta como la de Prado, que estaba estacionada de manera compleja?
A eso debe agregarse el hecho de que no le robaron nada y el agravante de que, como se dijo, el atacante descerrajó cinco disparos contra su humanidad. ¿En cuántos robos un malviviente hace tal cantidad de disparos?
La esperanza sigue reposando en la recompensa que ofrece hoy la Justicia para lograr dar con el autor material del asesinato. Solo eso, la postal más clara del pesimismo que se vive a un mes de la muerte de Prado.