Nada es casualidad. Todo es eventual. Todo lo que pasó en la platea del Malvinas Argentinas el domingo a la noche con corridas, empujones, agresiones, patadas, e insultos entre hinchas de Godoy Cruz e “hinchas neutrales” (es decir, boquenses camuflados) podría haberse evitado con una correcta organización, vigilancia, y adecuada venta de entradas, siempre en el marco absolutamente irracional de que los hinchas de los clubes visitantes no pueden ir a ver a su equipo porque los argentinos somos incapaces de ver en paz un partido de fútbol, y el gobierno y la AFA prefieren prohibir que prevenir, por razones políticas. El detonante ridículo del cóctel explosivo en el Malvinas fue la increíble –y desubicada- acción de un ministro provincial gritando un gol de Boca en medio de la platea de Godoy Cruz, y de otro ministro reaccionando desmedidamente ante la intervención de un periodista que circunstancialmente estaba allí viendo el partido, como hincha también pero de Godoy Cruz.
Fue una mezcla de situaciones insólitas que se conjugaron ayer las que culminaron en una agresión contra el ministro de Infraestructura, Rolando Baldasso, quien se fue antes además de un acto oficial en Lavalle para llevar a sus hijos al estadio a ver a Boca. El periodista de MDZ Radio Eduardo Ripari vio a Baldasso festejar el gol de Boca, mirando al rostro de un hincha de Godoy Cruz. Acto seguido, el fanático tombino le propinó una patada en el pecho al funcionario, que lo arrojó un par de filas hacia atrás en medio de revuelo. “Inmediatamente atiné a agarrar al hincha, porque quería seguir golpeando al ministro”, reveló Ripari. “Cuando miro, lo veo a Carlos Aranda a unos metros y le digo que la culpa era de ellos por permitir esto de que ingresen los ‘neutrales’”. Ante esa increpación hecha al calor del momento, “el ministro de Seguridad me empezó a empujar”, continuó el periodista. Y finalizó: “Le dije a Aranda que publicaría lo ocurrido y me dijo que también dijera que la culpa era nuestra (de los hinchas), por la violencia que ejerció Godoy Cruz”. Es decir, dos ministros al borde del barrabravismo en una cancha de fútbol.
No es la primera vez que al público mendocino se le “salta la térmica” en la cancha. Meses atrás pasamos vergüenza internacional. Unos, quemaban la bandera chilena y otros los aplaudían.
En aquel momento ya estaban presentes elementos que se repitieron ayer:
-Mala organización de un evento masivo, porque en aquella oportunidasd se mezclaron chilenos y argentinos en la popular sur. Y este domingo fue la admisión de los “neutrales” por fuera de las normas establecidas por la AFA, de por sí ridículas.
-Hubo pasividad policial aquella vez y ahora, ya que no previnieron la agresión y llegaron tarde a parar los incidentes. El domingo permitieron incluso el ingreso de banderas y de pirotecnia en la popular “neutral”.
-El grave problema cultural de los agresores. Carecen del mínimo sentido del respeto por el otro. Más aun, desprecian la autoridad policial y las normas. Cuando ocurrió lo de la quema de las banderas, desde la platea donde se festejaron las corridas y las agresiones a los hinchas chilenos. Un bochorno del que participaron padres y familias enteras. Anoche en el Estadio Malvinas, un hincha agrediendo a un ministro que le gritó un gol a la cara, y otro ministro –también hincha de Boca, hay que decirlo- también a los manotazos.
Como antecedente, en el último superclásico golpearon a dos hinchas de Boca hasta casi matarlos, porque les sonó el celular con una canción que canta la doce. Eso fue suficiente para que una turba los golpeara hasta cansarse. La oportuna intervención de los “patovicas” de “Los borrachos del tablón”, es decir, de la barra de River, impidió dos muertes seguras.
Antes, la “Doce” golpeó brutalmente a la seguridad privada contratada por River en el Monumental.
Es increíble lo que pasó, y cómo fue fallando la cadena de seguridad desde la venta de las entradas hasta los incidentes. Todo ello, partiendo de la ridícula determinación de que las hinchadas de fútbol no pueden compartir la cancha.
Aceptamos eso, y aceptamos entonces que la Argentina no tiene remedio porque somos incapaces de asistir pacíficamente a un espectáculo deportivo, y una vez adentro de limitarnos a ocupar nuestro lugar de hinchas. Es un fenómeno raro que no se repite en otros deportes de conjunto, aunque sí en muchos en divisiones menores. Los padres de los chicos que son jugadores suelen protagonizar discusiones muy calientes, cuando no agresiones o trifulcas. Nada se respeta: ni al árbitro, ni a los jugadores de nuestro equipo o del otro, ni las normas, ni a los hinchas contrarios. Es una guerra, cada partido, producto de la violencia social y de la falta de educación que se han enquistado en la Argentina. Costará mucho tiempo revertir esta situación, y mucho trabajo profesional y responsable.
Hay muchos responsables de lo que ocurrió el domingo a la noche. El club Godoy Cruz por la venta de entradas a hinchas de Boca, el operativo de seguridad de la cancha que permitió el ingreso de hinchas “neutrales” a los que sólo les faltaba la careta de Riquelme, el ministro Rolando Baldasso por el exabrupto porque fue poco cuidadoso de su seguridad y de la de su familia, el “hincha” salvaje que le dio una patada en el pecho al ministro; el ministro Carlos Aranda como responsable de la seguridad pública por no prever una vigilancia adecuada en las tribunas donde podía haber “camuflados”, la AFA por las normas que una vez decididas, aunque pésimas, no se aplican, y luego se desentiende, y la policía que fue pasiva.
Tiene razón el ministro Aranda cuando dice que los eventos son responsabilidad de los violentos que golpearon al imprudente Baldasso. Pero él también es responsable por permitir que se jueguen espectáculos deportivos sin las normas de protección necesarias para espectadores y jugadores.
La violencia en el fútbol ya no es privativa de los “barras”. Hoy, cualquiera está habilitado a hacer cualquier cosa en la cancha. El domingo pasó. Y no hubo mayores daños porque algunos hinchas actuaron a tiempo. Podría haber sido un desastre, otro más de la Argentina violenta, irracional y barrabrava, de la que la sociedad mendocina es parte activa y entusiasta, al menos por lo que se ve cada tanto en la cancha.
Recorda el video de la agresión a los ciudadanos chilenos mientras la platea aregntina festejaba: