Ayer MDZ lo preguntó sin más vueltas: ¿Quién es más argentino, Maradona o Messi?
Para sostener cada una de las posibles posturas, se publicaron sendas columnas. Una firmada por José Videla analizando a Maradona y la otra escrita por Ernesto Marcos, poniendo la lupa sobre Messi.
“¿Canchero, merquero, líder, aguerrido? El Diego lo es todo eso, por eso tan contradictorio, por eso tan argentino”, dijo Videla. A su vez, Marcos advirtió: “Lo que hace que Messi el más grande es el fútbol y también lo otro, eso que tiene como persona. Ojalá Argentina sea Messi”.
Uno aparece como el emblema del pícaro, canchero y arrogante; el otro como postal de la humildad y el sacrificio. ¿Somos lo primero o lo segundo?
Las respuestas fueron elocuentes: para el 29% de los lectores que votaron, Maradona es el emblema de la argentinidad; para el 71% restante lo es Messi.
Esto nos obliga a preguntarnos: ¿Somos realmente más parecidos a Lio que al Diego? ¿O es al revés?
A fuerza de ser sinceros, deberíamos reconocer que somos más Maradona que Messi: cancheros, arrogantes, charlatanes y llenos de excusas.
A lo mejor la cuestión tenga que ver con que Diego es lo que somos y Lionel lo que querríamos ser. Tal vez vernos en el espejo de Maradona nos aterra y Messi sea parte del reflejo que en realidad querríamos ver.
Uno aparece como el emblema del pícaro, canchero y arrogante; el otro como postal de la humildad y el sacrificio. ¿Somos lo primero o lo segundo?
A lo mejor, nos creemos sumamente virtuosos —no dejamos de tener ciertos valores, de todos modos— y en verdad escondemos al típico chanta argentino que tanto tememos.
Son demasiados interrogantes. Muchos de los cuales debería responder un sociólogo o, en todo caso, algún psicoanalista de ocasión.