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"Escuchaba que los periodistas le preguntaban a los chicos de 16 si se sentían maduros para votar y la mayoría respondía que ‘no’. Yo empecé a trabajar a los 16 en un estudio profesional… ¡Cómo cambiaron los tiempos!". La frase pertenece a un apasionado por la sismología, el ingeniero Rufino Tito Michelini, quien a sus 72 años pidió que le habilitaran nuevamente su matrícula para poder construirle en Tupungato Winelands una bodega a su hijo enólogo Matías.
En 2010, el Consejo Departamental de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica Nacional - Regional Mendoza, resolvió homenajearlo asignando su nombre al aula de posgrado de ese departamento, destacando "la dedicación de toda una vida como profesional y docente, su protagonismo en la fundación tanto del Grupo de Construcciones Antisísmicas como del Ceredetec- del cual fue director por más de ocho años-, y el impulso permanente de la investigación en temas relacionados con mampostería, estructura y sismología; entre otros".
Michelini se especializó en Ingeniería Sismo-resistente en la Universidad de San Juan. Egresó de la UTN en 1969, luego le ofrecieron una beca para ir a estudiar a la Universidad de San Juan y unirse a un grupo de investigadores.
En su casa ubicada en Guaymallén, recibió al equipo de MDZ Online y dialogó sobre sus hijos, su vida personal y su vida profesional. Hizo algunas apreciaciones sobre las construcciones de nuestra provincia, pero sobre todo se mostró orgulloso de que le hayan habilitado nuevamente su matrícula.
-¿Su trabajo siempre ha estado abocado a bodegas?
-En realidad yo me he dedicado a obras civiles, a la docencia y a la investigación. En la juventud tenía un grupo de profesionales en el que éramos tres ingenieros y tres arquitectos. Nosotros calculamos y dirigimos obras como el edificio de Emilio Civit y Granaderos, que tiene 10 niveles y que ahora lo van a remodelar por completo. También hicimos el edificio del Arca de Noé, en la Ciudad... Mi incursión en bodegas fue con Zorzal, ahí me tuve que meter en una nueva línea porque mi especialidad eran los edificios. Con esa bodega aprendí muchas cosas y me siento experimentado. Zorzal está en Gualtallary y mi hijo Juan Pablo es el enólogo.
-¿Usted le va a construir una bodega a su hijo Matías, quien es dueño del proyecto Passionate Wine?
-La obra la voy a dirigir. Matías es un hijo muy inquieto y se mete bastante... Cuando me jubilé dejé la matrícula como profesional, eso dio origen a que todos los trabajos que he realizado después los he hecho como asesor. En este momento con el tema de la bodega de Matías, que se va a construir en Tupungato Winelands, recuperé mi matrícula hace dos meses, es la 1655/a. Son de las cosas raras que hacen los hijos, yo no quería saber nada, pero todo sea por ellos. Así que durante la semana nos instalaremos con mi esposa en Tupungato y vendremos los fines de semana para acá (Guaymallén). La sociedad la tiene Matías con Manolo Pellegrina de la bodega Tupun, la firma es Passionate Wine.
-¿Y los vinos van a estar en los huevos de cemento…?
Matías Michelini junto a un tanque de fermentación de cemento
con forma de huevo. Él mismo los mandó a diseñar luego de verlos
en Europa y ahora varias bodegas han empezado a utilizarlos.
-Él quiere una bodega a puro huevo (risas). No quiere piletas normales de bodegas. Ya ha hecho algunas experiencias con las piletas con forma de huevo y está muy ilusionado… Así que en la nueva bodega veremos grandes salas con familias de huevos. Serán vinos especiales los que saldrán. La bodega va a estar ubicada en la parte oeste de la propiedad de Tupungato Winelands, bien al pie del Tupungato, con una vista maravillosa. No tendrán capitales extranjeros, así que se hará en tres etapas y estará finalizada por completo dentro de cinco años.
-Tres de sus hijos están vinculados con la enología, ¿de dónde han recibido esa herencia?
-Matías ha sido el más inquieto de todos los hijos y quiso recuperar un poco la historia de mis padres y mis abuelos que eran contratistas viñateros. Mi padre tenía fincas, no gran cosa, pero se elaboraban vinos caseros hechos a pata. Creo que viene por ahí. Matías es un caso raro dentro de los hijos porque es el más aventurero de todos, siempre nos tuvo preocupados como papás porque era terriblemente inquieto y estaba en todas. Una vez estaba toda la familia reunida viendo el mundial de fútbol cuando Argentina jugaba con Alemania y él clavando cajones en el patio...
-Así lo convenció…
-Así es. En realidad, siempre me ha gustado mucho la obra y la construcción. Desde el año ’70 que empecé a formarme hasta ahora siempre he estado inquieto con el tema de los terremotos. Hemos hecho muchos trabajos desde el centro de investigación en la UTN. Uno de los temas más fuertes que he manejado es el referido a la mampostería, los ladrillos, el problema de las paredes en las construcciones… Hemos publicado muchos trabajos a nivel nacional y hemos viajado mucho al exterior exponiendo las investigaciones. La universidad me permitió conocer muchos países de Europa y Centroamérica participando de congresos mundiales. Nuestra preocupación como investigadores e ingenieros, y sobre todo la mía en particular, es que las construcciones se hagan bien. Soy muy respetuoso de los códigos de construcciones… En Mendoza no se construye bien. El problema es que resuelven la economía trabajando con materiales regulares y no de primera calidad. Siempre he tenido dificultad en ese sentido por exigir lo que se debe utilizar para un buen construir.
-A raíz del terremoto de 2010, en Chile, se habló mucho sobre los daños que podrían sufrir nuestras construcciones si ocurriera uno de igual magnitud en Mendoza, ¿qué pasaría realmente…?
-Es medio complicado aventurar cosas, pero por mi conocimiento sobre los edificios de altura y la gran cantidad de construcciones de adobe que hay en la provincia, podría decir que hay riesgo de colapso de muchas estructuras. Hemos tenido varias experiencias de muchos edificios dañados, que en su totalidad aún no se han reparado sino que tienen una pintura antisísmica, como le decimos nosotros. El problema es que hay una mala calidad de mano de obra, no hay consciencia. Y eso es muy grave. En Mendoza no tenemos temblores fuertes todos los días, hay sismos imperceptibles que sólo son captados por los sismógrafos, pero sí tenemos experiencia en terremotos potentes de tanto en tanto. Yo he vivido varios y muchos han causado grandes daños. Los comitentes que tienen edificio y han sufrido daños tratan de esconderlos por problemas de costos. Si la policía de la construcción, o sea los inspectores, efectuaran un mejor control y las autoridades provinciales y municipales cuidaran más el estado de las obras existentes, tendríamos media ciudad en reparación. Si caminamos por la vereda norte de calle Catamarca y miramos los edificios de la vereda opuesta, podemos observar que hay fisuras en las paredes provenientes del terremoto de enero del ’85.
Tito Michelini muestra el mapa del lugar donde construirá la nueva bodega para su hijo, junto a los arquitectos emergentes Lucía Carrasco, Maximiliano Mateo y el estudio Bórmida-Yanzón.
-¿Cómo ve las construcciones nuevas y de edificios elevadísimos?
-Los últimos edificios que se han construido, como el del Sheraton, están bien hechos. En las construcciones más recientes hay un mayor control, pero las que datan del ’70 y ’80 no estuvieron muy bien controladas.
-¿Son recomendables las divisiones de interiores con materiales livianos?
-Son no estructurales y se supone que ante un terremoto van a tener fisuras. Los códigos nuevos de construcción aceptan fisuras… Lo que pasa es que no tienen riesgo de vida y la prioridad en el código es evitar muertes.
-En la década del ’70, en Guatemala hubo un terremoto y luego de él empezaron a estudiar en ese país el adobe como material antisísmico…
-Se puede suponer que las viejas construcciones de adobe de Mendoza eran antisísmicas porque eran paredes de un metro o más de ancho, las habitaciones tenían ciertas dimensiones regulares, la altura era promedio y las ventanas eran normales y pequeñas. El problema del adobe es cuando queremos transformarlo en una tecnología moderna haciendo grandes habitaciones, grandes ventanales y el adobe no está para eso. Las construcciones de adobe, generalmente, se proyectan mal. Podría tener una casa de adobe pero si fuera proyectada como la de nuestros ancestros que soportaron movimientos importantes. En Mendoza todavía quedan algunas… Hoy, hay algunos arquitectos que están pregonando el adobe… Sólo si yo le hago un tratamiento especial para que sea una pared más rígida, es posible que sea antisísmico. Nosotros hemos trabajado en algunas investigaciones de construcción en las que hemos hecho tratamientos para que sean antisísmicos y han respondido bien. Yo trabajaba en el laboratorio Ceredetec y fui director durante ocho años, lo gestamos con Buenos Aires y tuve la suerte, mientras era docente de la universidad, de estar involucrado en diferentes comisiones técnicas y asesorar a nivel nacional. Todo eso nos permitió conseguir fondos para hacer lo que hoy es el laboratorio.
-¿Lo tuvo de alumno al ex vicepresidente Julio Cobos?
-Sí. También, (Guillermo) Amstutz, Roberto Iglesias y toda su gente, (Francisco) Morandini… Eran los políticos que estaban en la universidad. La Tecnológica era una universidad de políticos.
-¿Eran buenos alumnos?
-Se dedicaban mucho a la política (risas). En realidad, son buenos amigos y han tenido siempre mucho respeto hacia mí. Reconozco que he sido muy exigente como profesor.