¿A dónde van a parar nuestros autos robados?

Autos y motos desaparecen como por arte de magia. El destino de los vehículos sustraídos en una Mendoza que tiene más de 15 robos por día. Entre el desarmadero y el fraude, el negocio mueve millones y está fuera de control.

Los desarmaderos en foco. Foto: web
Los desarmaderos en foco. Foto: web

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Los números no dan lugar a las conjeturas. Son el cruel reflejo de una sociedad bajo las sombras de un negocio millonario y de naturaleza creciente. Para la Policía y para la Justicia es imposible controlar la horda de vehículos que como espectros cruzan la ciudad para perderse eternamente. Y los clientes, ingenuos (o no tanto), le damos un cierre al círculo.

En los primeros seis meses de 2012 se denunciaron en Mendoza según estadísticas oficiales, por robo, 2796 vehículos: 1120 motos y 1676 autos. En estos datos alarmantes se oculta una estructura capaz de mover millones de pesos y con la fuerza suficiente como para regenerarse y encontrar nuevas modalidades de delitos que engorden las arcas.

Un análisis más minucioso indica que el promedio es de 15 robos por día en toda la provincia. Triplicando la cifra de 5 o 6 que Marcelo Villanueva, Jefe de Sustracción de Automotores de la Policía, comentó hace algunos días en una entrevista con este medio.


En este marco, Mendoza se encuentra en el cuarto lugar dentro de las provincias que más robos de automóviles padecen. Detrás de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Lo que está expuesto en un informe del Centro de Experimentación y Seguridad Vial, que puede consultarse aquí.

Entonces, frente a esto, ¿A dónde van a parar nuestros autos robados?

El Desarmadero

La gran mayoría de los autos sustraídos son desguazados por completo y sus piezas comercializadas en el mercado negro. Es el destino en boga debido a la falta de repuestos importados y todo se aprovecha, como si se tratara de un carneo.

“En Mendoza existen 24 desarmaderos más o menos conocidos y sólo cuatro de ellos cuentan con habilitación para trabajar”, confirmó Villanueva. Además aseguró que hoy en día los desarmes se producen en cocheras o galpones escondidos para no ser detectados. “En tres horas te desarman un auto por completo”.

 

Todo sirve para luego ser vendido, desde las ruedas, llantas y equipo de audio, pasando por el radiador, hasta las puertas o el capot. Sólo se desaprovechan y se tiran algunos cortes de chapas de la carrocería.

Es muy común que un auto robado sea despiezado antes de que su dueño se percate. Sobre todo si éste se encontraba trabajando y estuvo varias horas lejos de su vehículo. Existe un estudio previo por parte de los delincuentes.

Las piezas son vendidas directamente en los desarmaderos o a los talleres mecánicos que suelen dejar “tranquilo” al cliente consiguiendo el repuesto en cuestión. Allí todo adquiere sentido.

Sin embargo, existe la posibilidad de no ser cómplice de este delito, exigiendo que los repuestos usados vengan precintados por la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automotor. En su defecto, probablemente sean robados.

Para cometer otros ilícitos

La mayoría de los delincuentes planean sus robos o asaltos utilizando autos que han sido robados. No obstante, se trata de una selección lógica y no al azar.

Debido a que no se pueden dar el lujo de que la máquina sufra algún desperfecto sustraen autos nuevos, de modelos que no superen los cinco años y siempre ágiles o potentes.

Entre estos se encuentran los vehículos importados, de preferencia negros o blancos. También suelen usar VW Gol o Chevrolet Corsa, pero esto responde a que son los más fáciles de conseguir y que son de mecánica confiable. Nunca usarán un vehículo rojo, salvo que sea la única opción, ya que es demasiado llamativo.

En el mejor de los casos los delincuentes actuarán con guantes de látex y el auto será abandonado y a veces incluso limpiado. Sino, los incendiarán para borrar toda prueba.

El fraude del seguro

Supongamos que Juan tiene un Fiat 147, cuyo modelo está valorado en el mercado en $15.000 pesos. Pero el auto de Juan tiene el interior bastante deteriorado e incluso la chapería ha sufrido daños por estar siempre a la intemperie.

Por eso, el Fiat de Juan no vale realmente 15 mil pesos sino 10 mil. Sin embargo, él no se resigna y decide pagarle a una persona para que le robe el auto y lo haga desaparecer. Eso le costará aproximadamente $1.000 y luego cobrando el seguro terminará con más dinero del pensado.

Esto es cada vez más común y se trata de una asociación ilícita que muchas veces se da sin que las partes se conozcan. La falsa víctima deposita el dinero en una cuenta, deja el auto con la llave puesta en algún lugar a convenir y luego se encarga de cobrar el seguro.

Las denuncias por autos robados con esta modalidad son más comunes de lo que se cree y según fuentes policiales existen personas que se dedican exclusivamente a esto.

La cruda realidad

En Mendoza estos son los tres destinos más frecuentes de los vehículos desaparecidos, pese a que también existen robos de autos a los que se les alteran los datos para crear un “mellizo” de otro ya existente. Pero es más riesgoso y menos rentable que lo antes mencionado.

El papel de la policía choca ante las limitaciones de recurso humano y económicos. Hay hombres con una enorme voluntad, pero que carecen de los medios y otros a los que les importa menos, como en todos los ámbitos.

“En el año 2010 clausuramos 42 desarmaderos. Primero accionó la Justicia Federal pero después se declaró incompetente por lo que pasó a la provincial. Ahora estamos en el medio de esta situación sin poder volver contra este flagelo”, remarcó Marcelo Villanueva.

Además, la playa San Agustín se encuentra colapsada y las comisarías comenzaron a transformarse en depósitos de autos secuestrados que son una piedra más en el proceso. “Cuando nosotros encontramos un auto al que le faltan piezas damos aviso a la fiscalía y ellos nos piden que lo secuestremos. Nosotros no tenemos grúas para hacerlo y si la conseguimos, después tenemos el vehículo abandonado a la espera de una resolución en la puerta de la comisaría. Ese blanquito que está ahí, lleva dos años”, dijo un policía consultado al respecto.

Finalmente, un hombre cuyo trabajo es seguir y ejecutar robos de autos a pedido, aseguró que “no hay auto que no se pueda robar. Vos me pedís un Citröen C3, yo lo ficho, le estudio los horarios, y por 5.000 pesos en una semana lo tenés” y agregó: “Me piden todo tipo de vehículos, después qué hacen con ellos no es tema mío”, dijo sin querer dar más detalles.