El misterio de la placa de un tal Domingo Fernández

¿Broma macabra? ¿Recordatorio extraordinario?. Apareció de la nada en el paseo de la calle Pascual Segura, apoyada en un árbol. Los vecinos no conocen el nombre del difunto. De pertenecer a un muerto, el viernes se cumplirían 15 años de su desaparición.

La placa, próxima a la estación Pellegrini del metrotranvía. Foto: Atahualpa Acosta
La placa, próxima a la estación Pellegrini del metrotranvía. Foto: Atahualpa Acosta

La chapa es gruesa y muestra todos los síntomas del paso del tiempo a la intemperie. Descascarada y oxidada, apenas apoyada sobre un árbol del paseo que divide la calle Pascual Segura de las vías del metrotranvía a la altura de la estación Pellegrini, pasaría inadvertida como un pedazo de chatarra más en el paisaje si no fuera por su particular inscripción:

QEPD

Domingo A.Fernandez

Fcio. 21-9-97

Una señora que no quiso decir su nombre pero que accedió a charlar por la ventana dijo que no le extraña nada lo que aparezca en el paseo o por ahí cerca. "Mire, vez pasada salí a pasear el perro y me encuentro un cigarrillo de marihuana y un encendedor en uno de los bancos. ¿Qué cómo sé que era de marihuana?, por el olor m'hijo, si se re nota y además vienen a fumar todos los días. Y tenga cuidado porque hay un montón de vidrios; no les basta con emborracharse, que rompen las botellas y las dejan tiradas por todos lados".

De la placa o de algo que tenga que ver con el hallazgo, la señora dijo que no sabía nada y que nunca había escuchado a un tal Domingo Fernández por el barrio. Preguntada si le provocaba algún temor el hecho de que la chapa fuera idéntica a las que se utilizan en los cementerios precarios o de campo para nombrar y ubicar el enterramiento de un difunto, la doña dijo que no, pero que tampoco le gustaba la idea que hubiera ese tipo de cosas "por ahi". (El punto rojo en la foto de abajo marca la ubicación de la placa).

Elba es otra de las pocas vecinas de la zona pues de un lado están las vías y los muros, y del otro la desembocadura de la calle Sarratea, una escuela y apenas un par de casas. El resto son más muros y un taller de puertas cerradas con tres perros mugrientos y flaquísimos, que sacan sus hocicos para ladrar por entre las maderas.

"La verdad no se nada de esa placa -dice la mujer deteniendo la escoba para mirar las fotos-. Igual acá lo que vivimos tan pocos vecinos hay grupos de pibes y no tan pibes y hacen cada desastre", dice la mujer, que vive por Pascual Segura, próxima a uno de los extremos de la escuela y a unos cincuenta metros donde se encuentra la chapa con la inscripción en pintura blanca sobre negro.

Para Elba, podría ser esta aparición la obra de algún inescrupuloso. Dijo que no le extrañaría que alguien la hubiera traído al paseo para hacerse el "gracioso". Sin embargo, después de reflexionar un instante, agregó: "Aunque pensándolo mejor podría ser algo más, antes solían aparecer cruces que alguien hacía con ladrillos, otras cruces eran de madera, pero nunca supe de nombres..."

La mujer volvió a mirar la foto digital de la placa e hizo notar un detalle más: la fecha de la supuesta muerte del tal Domingo Fernández. "Fíjese en esto -dijo señalando la parte inferior de la inscripción-, el viernes se cumpliría el aniversario de su muerte".

Y allí quedó la placa, apenas apoyada sobre el árbol, toda su historia envuelta en un enigma ordinario en medio de la urbanidad. Desubicada, a trasmano de cualquier tumba, pero tal vez no a destiempo.

@atahualpaacosta en Twitter / Alta Guapa en Facebook