Los excesos de los docentes y su relación con la mejora educativa

El martes se celebró el Día del Maestro, y en la madrugada de todos los 11 de septiembre hay escenas que se repiten. En la voz de un especialista, un gran conocedor de la psicología de las personas y de sus comportamientos, los sucesos que deberían repetirse más regularmente para mejorar el sistema educativo.

Foto: MDZ
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- ...uendía...

- Buen día.

- Bandera de los Andes tres cincuenta, por favor...

- ...

- ...

- Parece que se va a mejorar el tiempo...

- Parece...

- Por lo menos ya no hay tantas nubes como ayer.

- Está bueno para quedarse un rato más en la cama.

- Cuesta levantarse en un feriado para ir a trabajar.

- ¡Uf! Pero vos tampoco zafaste.

- Yo estoy terminando el turno. Te dejo a vos y me voy a mi casa.

- ¿Desde qué hora estás?

- Desde las nueve de la noche.

- ¡Mamita! Encima, anoche que estuvo medio fresco, no tiene que haber habido nadie en la calle.

- No, al contrario, anoche las maestras salieron a festejar.

- Cierto que hoy es el Día del Maestro. Entonces la pasaste entretenido.

- ¡Y cómo! No te imaginás lo que son las maestras en pedo.

- No me irás a contar intimidades.

- No, qué intimidades, si todos los años es lo mismo. La madrugada del once de septiembre te la pasás llevando mujeres borrachas de una punta a la otra de la ciudad. Es como si esa noche la ciudad fuera de ellas.

- Y está bien que eso pase...

- Perfecto. ¿Pero sabés qué sensación me da?

- No.

- Que a muchas de ellas las dejan salir sólo ese día.

- Dejate de joder. No creo que sea el único día del año en que salen.

- Bue, mejor dicho, el día del año en que se dejan de caretear y se divierten.

- Puede ser. Pero también hay mestros, además de los profes de música, de educación física, informática...

- Está bien, tenés razón, pero a ver si me explico. No es que sea el único día del año en el que salen sin maridos o parejas, seguro que más de una se junta con sus amigas, pero a lo que voy es que es como si esa noche se desenfrenaran. Escuchame, yo me he escuchado cada historia acá arriba. La que no se subió a la mesa a bailar le tocó el culo a algún mozo, o se quedó en corpiños en el medio del salón, qué sé yo, miles de esas me entero acá arriba, porque se vienen cagando de risa. Y te gastan, eh. Te vienen diciendo qué rico estás papito, dejemos a estas y nos vamos juntos que mi marido está de viaje... Lo que se te ocurra. Amén de las que hay que llevar y que les pegó el pedo triste. Esas te lloran desde que las subís hasta que las bajás, lo bueno es que siempre vienen con amigas, así que ellas les ayudan a sentarse, las cachetean un poco para que recuperen la cordura, les ayudan a asomarse con la puerta abierta para vomitar...

- Tampoco la pasás mal vos...

- No, me la paso genial, porque no tenés cómo aburrirte. Además, ya les tenés cachado hasta los tiempos. A eso de las doce empiezan a volver a sus casas las más agretas, las que comieron y volaron. Entre las dos y las cuatro salen las que se pasaron con el alcohol pero no se la bancan, y de las cinco en adelante empiezan a volver las que tienen más aguante, las que se mantienen en pie aunque les pase un tanque por encima.

- Viven la vida loca las maestras.

- Y cómo. Es más, y esto tiene que ver con lo que te decía antes, por el delirio con el que salen te da la idea de que es el único día del año en el que se divierten en realidad, y querés que te diga algo, para mí, deberían tener una fiesta así por mes, y ahí vas a ver cómo la educación mejora.

- Es una buena hipótesis.

- Te lo digo yo, que mi esposa es maestra.

- ...

- Veinticuatro con sesenta.

- Tomá.

- ¿No tenés las monedas?

- No, pero está bien, dejalo.

- Gracias, viejo, que pases un buen día.

- Y vos que descanses.

- Seguro... Salvo que mi esposa se haya agarrado un pedo triste...

Alejandro Frias