La "película de terror" que vivió la Condesa de Chikoff

La popular figura mediática que enseña reglas de protocolo y de buenas costumbres en programas de televisión relató a través de su perfil de Facebook el asalto que sufrió en plena vía pública el lunes pasado, cuando un desconocido le arrancó literalmente sus aros.

Eugenia de Chikoff, conocida popularmente como la Condesa de Chikoff y que ha participado en varios programas de televisión dando consejos sobre protocolo social, contó a través de su perfil en Facebook un desagradable suceso que le tocó vivir recientemente: un desconocido le robó en plena vía pública.

A través de su perfil en la red social, la figura mediática contó que, el lunes pasado, un ladrón le sustrajo dos aros de las orejas mientras cruzaba una calle para encontrarse con una alumna. La condesa destacó la forma en la que ocurrió el robo: el delincuente -buen vestido, según la descripción- extrajo los pendientes que estaban colocados en las orejas de la señora.

Así lo cuenta la propia Chikoff, luego del dramático momento experimentado:

"Querida Familia:

Pensaba callarme pero reflexionando considero que es un error porque comentando lo que me pasó, puedo evitar que no le pase el mismo disgusto a otra amiga o hermana del destino.

Comento:

El lunes a las 11:15 hs. de la mañana estaba cruzando Córdoba y Pueyrredón para caminar rumbo a la calle Viamonte, donde me esperaba una ex alumna, cuando como en una película de terror, saltó no sé de dónde un joven bien ataviado.

Con una habilidad que admiro, me arrancó los dos aros, apenas con un ganchito minúsculo de oro puro con una piedra rectangular verde opaca que me acompañaron toda la vida, y que todos me conocen porque los luzco en todas las fotos de la prensa, y de la televisión, y que nunca me quité ni para ducharme ni para dormir.

Los extraño y tengo la sensación de andar desnuda. Nunca pensé que los lóbulos pudiesen sangrar tanto. Tuve suerte porque a pesar de todo no pasó a mayores. Todo pasó tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar, muda de espanto, razón por la cual aunque la calle estaba muy transitada, tan sólo pudieron observar un joven que corría.

Si les cuento mi desventura, es para advertir de no poner aros para orejas perforadas, porque es un dolor inusitado, amén de sentirse muy mal después.

Cuídense, y trataré de ser más prudente en el futuro: La vida de hoy no es la de ayer, desgraciadamente.

Con cariño, Eugenia".