Cuando no están en la escuela, cien niños de El Algarrobal, en Las Heras, asisten al club del distrito para hacer los deberes, jugar, practicar deportes, dibujar o actuar. Estas actividades impiden que los pequeños trabajen en los hornos de ladrillo de la zona, lo que suelen realizan con gran riesgo para su vida.
Con la premisa de erradicar el trabajo infantil, la Asociación Conciencia implementó el programa Ta Te Ti, que busca brindar nuevas oportunidades a los niños y a sus padres.
Los chicos asisten a tres escuelas de la zona y a contraturno van al club para realizar diversas actividades. Con ellos trabajan quince profesionales, entre docentes, psicólogas, asistentes sociales y profesoras de música y teatro.
Una realidad compleja
Las encuestas que realiza periódicamente la institución permitieron visualizar que un importante porcentaje de los chicos trabaja en los hornos de ladrillo.
Las chicas hicieron afiches con los derechos de los niños.
Con la intención de cambiar esta realidad, la Asociación comenzó a trabajar con unas 250 familias, la mayoría de origen boliviano, que se dedica a la elaboración de ladrillos.
La coordinadora del programa Ta Te Ti, Matilde Vargas, explicó que las familias son vulnerables en todo sentido: son muy numerosas, algunos de sus miembros sólo hablan quechua, no asistieron a la escuela y no tienen fácil acceso a los servicios de salud.
Frente a esta realidad, las profesionales intentan colaborar con distintos aspectos que hacen a la promoción de las familias, desde gestionar un turno en el centro de salud o el hospital, hasta lograr que saquen su documento.
Clara Acosta y Matilde Vargas, de la Asociación Conciencia.
Matilde consideró estratégicas las actividades de teatro y de plástica, ya que los pequeños no están estimulados debidamente y tienen problemas de autoestima, situaciones que liberan y mejoran en esas clases.
La profesional aseguró que las familias lograron mejoras, aunque todavía falta para lograr la solución del problema de fondo. “La estrategia es que los chicos estén acá y no en los hornos, pero lo cierto es que se disminuye la cantidad de horas, pero no la realidad”, señaló la profesional.
Las chicas hacen los deberes y, según su maestra, avanzaron en el último tiempo.
En el día internacional de la erradicación del Trabajo Infantil, la vicepresidente de la sede Mendoza de la Asociación Conciencia, Clara Acosta, explicó que la intención es brindar a los niños una educación integral. “Los padres ven que los chicos aprenden, disfrutan, entonces les permiten venir sin problema”.
Acosta explicó que el trabajo en los hornos de ladrillos es muy peligroso para los pequeños, aún cuando no vayan a trabajar, sino que permanezcan en el lugar, ya que las temperaturas son altas y la altura de las máquinas que mezclan el barro son enormes.
La entidad también colabora con los padres para evaluar nuevas alternativas laborales, ya que el trabajo en el horno es insalubre y produce insuficiencias cardíacas.
Trabajo comunitario
Las actividades a contraturno se realizaron primero en una de las escuelas de la zona, pero luego se trasladaron al club, con la intención de que participara la comunidad. La asociación les provee a los chicos los abonos y todos los útiles para que puedan asistir sin problemas.
Un juego de ping pong, antes de hacer los deberes.
Verónica Lencinas es la docente que les ayuda a hacer las tareas. Explicó que les costó generar el hábito de llevar los cuadernos y completarlos, pero que de a poco van avanzando.
Mientras juega al ping pong con un grupo de chicos, Federico Bustos, el trabajador social, dijo que buscan dar protagonismo a los pequeños, a través de la formación de un consejo y de la concientización sobre sus derechos.
Federico también trabaja con las mamás, con la intención de arman una asamblea de mujeres que participe en la resolución de las problemáticas de la comunidad.
El deporte es la actividad preferida de los chicos.
El trabajador social explicó que el objetivo es superar el asistencialismo, para convertir al programa en una instancia de promoción y lograr un trabajo comunitario.
Mientras Federico cuenta su experiencia, los chicos hacen los deberes, corren detrás de la pelota, hacen lo que tienen que hacer, menos trabajar.