En Twitter: @GemaGallardo
Ana Rodríguez no será tan popular como la chef Jimena Monteverde, pero no tiene nada que envidiarle. Es rubia, de ojos claros, simpática, verborrágica y muy carismática. Pero la mejor de todas sus cualidades: tiene un don para cocinar. El mismo que hace que sus comensales se lleven los mejores recuerdos de ella en sus paladares.
En diálogo con MDZ Online, Rodríguez confió que la comida afrodisíaca no existe y que al hombre se lo puede conquistar con un buen plato, pero que también depende de las técnicas de seducción de la mujer que lo sirva: "No es lo mismo que yo te lleve unos spaghettis con aceite de oliva vestida con chancletas, ruleros y un batón. A que te lo lleve con unas medias red, una minifalda y un topcito", dijo.
Anita es de La Plata, trabajó en el Sheraton de Buenos Aires y en el Conrad de Montevideo. Tuvo su propio restorán en Villa La Angostura y ahora tiene a su cargo la cocina de Pan y Oliva, el restó que ayer inauguraron oficialmente en Bodega Zuccardi, pero que desde hace un mes tiene sus puertas abiertas al público.
-¿Por qué te venís a vivir a Mendoza?
-Con mis padres teníamos un restorán en Villa La Angostura y vendíamos los vinos de Zuccardi. Cuando la señora Ana Amitrano iba para allá, siempre pasaba a visitarnos. De allí quedó el contacto. Después de 10 años de dar vueltas por muchos lados, la señora Ana le manda a mi padre la propuesta de sous chef por mail. Así, empecé hace tres años en Casa del Visitante en ese puesto. Yo conocía Mendoza porque había venido de vacaciones, me parecía hermoso, así que ni lo dudé. Estoy feliz y contenta de estar acá.
-¿Y cómo llegás a La Angostura?
-Mi familia no es gastronómica. Yo fui la primera en serlo. Durante el segundo año de cursado hice las pasantías en Bariloche con el staff de Francis Mallmann y me contrataron para las temporadas siguientes. Eso me recopó. Trabajar con ellos definió el estilo de cocina que me gusta hacer. Ese mismo año que empecé a trabajar para Francis, me puse de novia con un chico de allá y mis viejos tenían ganas de ir a vivir al Sur. Además, mi papá era gerente de un banco que cerró en el año 2000 y en el 2001 ya teníamos abierto el restorán. Por entonces, le dije a mi papá que yo le daba una mano y que hiciéramos algo. El papá de mi ex novio le recomendó al mío que no hiciera inversión en Bariloche, sino en La Angostura porque iba a explotar turísticamente. Así fue que abrimos Agua Clara. Durante los cinco años que tuvimos abierto el negocio no cerramos ni un sólo día para descansar. Para mí ese lugar era pasión, pero mi papá no se sentía anímicamente bien porque él quería volver a trabajar en un banco. Además, yo había sido tía y por ende mis papás eran abuelos primerizos, entonces eso también hizo que tuvieran más ganas de volver a La Plata. Así, nos volvimos todos y me puse mi propia pyme. Fui haciendo eventos, di clases de cocina… Y, ahí empezó a moverse el Universo y a conectarme con Mendoza. Un ejemplo: una de mis alumnas es tía de Matías (Aldasoro), el chef ejecutivo de Casa del Visitante, y cuando le conté que me habían hecho una propuesta me dijo que me viniera porque el lugar era hermoso. Para entonces, yo estaba de novia con otro chico, no con el de Bariloche (risas) y estábamos conviviendo, así que no sabía qué hacer. Me vine y la relación con mi novio se terminó mientras yo ya estaba instalada en Mendoza. De todas maneras, las cosas no andaban bien y este trabajo era un salto importante en mi carrera.
-¿Por qué te volcás por esta profesión?
-A los 17 años, empecé a cuidar mucho mi salud porque tenía colesterol alto y presión alta. Yo en esa época jugaba al handball y llevaba una vida dentro de todo sana. Sin embargo, la médica a la que fui me dijo que iba a tener que comer sin sal, sin azúcar, sin aceite y si los podía sacar de mi vida mejor. A partir de ese momento me cambió la vida, hasta decidí dejar las harinas. Y fue uno de los tantos motivos que me llevó a estudiar cocina. ¡La cocina me mantiene activa todo el tiempo! Mi papá siempre dice que lo heredé de su abuela, que era portuguesa y era la cocinera de una familia importante de La Plata. Para mi, cocinar es un don y te lo digo con total humildad. Uno encuentra la manera de equilibrar su vida entera a partir de algo por lo que siente pasión… Soy una mujer apasionada en todas las cuestiones que hacen a mi vida, pero la cocina es algo que me conecta con todo.
-Ser cocinero se puso de moda a raíz de la cantidad de canales dedicados a la gastronomía…
-Exacto. Creo que en algún punto se bastardeó la profesión. Cuando yo empecé, hace 12 años atrás, en Buenos Aires había tres escuelas de cocina y los maestros eran unos grosos que te daban una base importante como para empezar una buena carrera profesional. Hoy, el pibe que va a estudiar cocina es el flaco que no pudo entrar a medicina o los padres le dijeron que se pusiera a estudiar algo. Y lo que hacen es estudiar cocina porque les parece más fácil. Entonces, de cien pibes, uno es el que estudia porque realmente le gusta.
-¿Al hombre se lo conquista por el estómago? ¿Existe realmente la comida afrodisíaca?. Mirá lo que contestó la chef:
-Vos tenés experiencia en hoteles cinco estrellas y ahora en cocina de bodega, ¿qué diferencias hay, teniendo en cuenta que los públicos en ambos lugares son bastantes rigurosos?
-Son mundos distintos. Yo disfruto más esto. Acá tenés el contacto real con el que consume tu producto y te enterás al instante si le gustó o no lo que hiciste. Yo a la gente la abrazo, le doy un beso y vuelven a venir. Este año, vinieron unos brasileños y uno había sido alumno mío y me trajo un regalo. Ahí es cuando vos decís “guauu”. Uno, muchas veces, no termina de entender la llegada que tiene a la gente.
-Fuera del ámbito laboral, ¿cómo es tu vida en esta provincia?
-Soy fanática de mi trabajo. Arrancamos a las 9 y salimos a las 18. Me levanto 6.45 porque hago un poco de gimnasia antes de venir a trabajar, saco al perro a hacer sus necesidades. Tengo un perro que recuperé de la calle.
Ana en su lugar de trabajo.
-¿Un perro callejero o era de raza y estaba perdido?
-Sí, callejero. Se llama Robertito Bizcochuelo (carcajadas). Hace tres años que estoy viviendo acá y los dos primeros años estuve pensando en cómo me iba a llevar un perro a mi casa si yo vivía sola y no estaba casi nunca. Hasta que un día dije: “Universo mandame un perro”, porque con el tema de la soledad ya no daba para más. Entonces, un día fui a caminar al parque y un perro me empezó a seguir… Yo creo mucho en la ley de la atracción y le había dicho al Universo que si me mandaba un perro lo iba a cuidar como si fuera mi hijo. El perro me siguió hasta mi casa, entró y se quedó unas cuantas horas solo y cuando volví no había hecho ni pis ni caca ni me había roto nada. Pero, volviendo a tu pregunta inicial, te cuento que yo me doy mis mimos durante la semana: voy a una masajista, salgo a realizar actividad física, como muy sano, no consumo harinas… Yo nací en una ciudad que conmigo no se llevó mucho. Siempre me gustaron los lugares agrestes. En Mendoza, vivo en Ciudad por una cuestión de movilidad. Pero si fuera por mí yo viviría cerca de la bodega.
-Y al perro, ¿le cocinás?
-El perro quiere comer todo lo que yo como, igual tiene su alimento balanceado. Come hasta peras y manzanas (carcajadas). Le gusta, te juro.
Rodríguez enseña a preparar "Polenta grillada". Una receta otoñal de regalo para los lectores de MDZ Online. Mirá el video y animate a realizarla en casa.
Producción audiovisual: Danila Bragagnini, en Twitter @danibragagnini