Pablo Albarracini fue víctima de un asalto. Recibió cinco disparos y debió ser internado en terapia intensiva. Tiempo atrás había dejado un documento escrito en el que se comprometía, entre otras cosas, a no recibir jamás transfusiones de sangre, que era exactamente lo que recomendaban los médicos para minimizar el riesgo de muerte. Su voluntad, producto de sus convicciones religiosas - es testigo de Jehová-, aun contra la de su padre, fue respetada. Pablo, sólo Jehová sabe cómo, salió de su estado de coma y ahora la sociedad inquieta y sensibilizada aguarda que recupere la plena conciencia, se arrepienta y permita que lo transfundan.
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