La violación y los violadores

Por el perenne perjuicio a la víctima y por la carga simbólica social, se trata de uno de los peores crímenes de la historia. No sólo ataca la dignidad, sino también la capacidad de elegir en libertad. Los agresores sexuales: ¿cómo son? y ¿cuántos son? ¿Qué es la castración química? ¿Qué hacemos con los violadores? Un informe periodístico responsable al respecto.

La violación es un acto que debe ser puesto a la altura de su perjuicio: ataca un derecho fundamental –la capacidad de elegir– y así se convierte en un delito fundamental y de este modo debe ser penado.

El agresor sexual es alguien que actúa por la fuerza y, llevado por motivaciones diversas, jamás por mera “calentura” como se piensa, se convierte en una de las peores armas opresoras. Tan tremenda es la acción, que ni siquiera los propios delincuentes comunes aceptan cerca a los “violines” o violadores.

Ahora bien, enfocados ya en los agresores sexuales, vale preguntarse: ¿cómo son?; ¿por qué lo hacen?; ¿cuántos son?; ¿por qué lo hacen?; ¿qué es la castración química?

Es un tema especialmente delicado y, más allá del discurso “matemos a todos los presos”, hay que preguntarse responsablemente qué se hace con ellos.

Desde un punto de vista periodístico y, más allá de la necesaria, evidente y compartida condena social, corresponde que indaguemos sobre un fenómeno social presente en la humanidad desde el inicio de los tiempos.



Factores determinantes



Tres expertos en el tema, M. A. O’Connell, E. Leberg y C. R. Donaldson han afirmado que el comportamiento del violador viene determinado por la combinación de varios factores:

1-La atracción hacia ese tipo de conductas por el placer que  de ella se deriva.

2-Una percepción de que no existe otro medio disponible para poder obtener placer.

3-Una ausencia absoluta de interés por la peligrosidad que resulta de su propia conducta.

4-Una insuficiencia de control en cuanto a actuar o desear buscar placer de esa manera.

Por eso, puede parecer simplista decir que los delincuentes sexuales actúan así “porque les gusta”, no obstante, lo expertos reconocen que cometen ese delito debido a que, al menos momentáneamente, les hace sentir bien. 




No sólo testosterona en sangre



El violador y sus acciones han sido objeto de infinidad de investigaciones y comprobaciones experimentales y, actualmente, la ciencia pone más en foco la importancia de los mecanismos psicológicos implicados en este crimen.

En este orden, aclaremos –por si hiciere falta– que no todos los delincuentes de las cárceles son asesinos y violadores. De hecho, lo son en una clara minoría, por lo cual este dato cobra relevancia si se quiere catalogar de buen modo la modalidad que nos convoca al amparo de la agencia delictiva. Según las estadísticas, los violadores, además, son los menos reincidentes, en comparación con otros delincuentes como, por caso, quienes atentan contra la propiedad. Aclarado el punto, continuemos.

Nos cuenta el psicólogo Esteban Lupiáñez, experto en la problemática: “Debemos partir del hecho de que el problema del violador no reside solamente en el nivel de testosterona en sangre. Ahora, la tradicional creencia de que el violador actúa impelido por fuertes deseos sexuales, se ha visto desacreditada, al menos como una explicación genérica. Pensar esto es un reduccionismo biologicista que no tiene en cuenta  a la persona como una entidad total, holística y compleja”.

“Estamos hablando de un delito que conmueve a la opinión pública por su significación social y las consecuencias tremendas para la víctima, a veces sicológicamente no recuperables o no fácilmente recuperables. Por lo que el Estado no debe escatimar acciones posibles para reducir o contener la ocurrencia de nuevos delitos de esta índole”, dice el profesional que, a la sazón, ha trabajado la problemática en nuestras cárceles, espacios en los que labora.



Buscando resultados



En Mendoza, existe el Programa Provincial para la Prevención de la Reincidencia de Autores de Delitos de índole Sexual, que, en su momento, levantó polvareda porque meramente se lo vinculó con la castración química, que se aplica en la provincia, pero en esta iniciativa no comienza ni termina. Interroguemos a Lupiánez, quien, en su momento, condujo el referido programa.

- ¿Qué papel juega la llamada “castración química”?

- Las expectativas en cuanto al logro de resultados impactantes en la disminución de los delitos de violación deben estar enmarcadas en un criterio de estricta realidad, porque debe tenerse en cuenta que la simple aplicación de medicamentos que llevan a la llamada castración química (disminución de los niveles de testosterona en sangre a los sujetos que violan),  no solucionará los complejos mecanismos psicológicos que desencadenan esta conducta delictiva. 

- El violador tiene una personalidad muy compleja…

- Claro que sí y está generalmente está relacionada con dificultades, además de las de excitación sexual, actitudinales, fallas en la empatía, distorsiones cognitivas y de incompetencia social y otros aspectos. 

- ¿Hay contraindicaciones a la prescripción de esos medicamentos?

- Se ha comprobado que la aplicación de los medicamentos produce muchos resultados adversos, como la caída del pelo, la distribución distinta de la grasa corporal e incluso el desarrollo de caracteres femeninos, siempre dependiendo de la droga que se aplique.

- ¿No debiera este recurso ser acompañado por otras acciones, si la problemática es integral?

- Efectivamente, y así se hace. La castración química no es un fin en sí mismo; de ser inevitablemente necesaria (al día de la fecha no ha habido casos que así lo requieran) debiera estar al servicio del tratamiento psicológico.

- Se trata de saber por qué ese criminal actuó de ese modo…

- Así es, si la intención es llegar a un abordaje adecuado. Esto es así porque sino el individuo, al no haber resuelto la problemática que lo llevó a violar, aún con el tratamiento impuesto, podrá conseguir medicamentos para compensar la disminución de testosterona, y seguirá delinquiendo. Una alternativa comportamental, si no media un tratamiento adecuado, es que el individuo continúe delinquiendo, con otras modalidades delictivas que satisfagan los conflictos psicológicos no elaborados y podrían llevarlo a mantener conductas de igual o peor daño.


El tratamiento psicológico


- ¿Los violadores se pueden curar?

- Los delincuentes sexuales presentan unas dificultades particulares en tres áreas bien definidas: los límites de la propia conducta, las distorsiones cognitivas y la evaluación realista de la probabilidad de reincidencia. Estas áreas que son críticas a la hora de evaluar y tratar la desviación sexual. Estas dificultades son una parte básica de la personalidad y la estructura comportamental del delincuente sexual. Esta es precisamente la razón por la que la desviación social nunca debería ser considerada “curada”, sino solo en remisión y bajo control.

- ¿Y qué se tiene en cuenta para un tratamiento?

- Un programa adecuado debe considerar el diagnóstico criminológico y el diagnóstico específico del agresor sexual. Así, se encara la implementación de un tratamiento integral (psicológico, médico y social), con control de la evolución del mismo (a través del seguimiento personalizado) y con evaluación de la posibilidad de reincidencia en el delito. Debe haber, además, una clara continuidad en el proceso. Y algo muy importante: en todos los casos debe considerarse la voluntariedad del tratamiento por parte del individuo, que se realiza en el Hospital “El Sauce”.



El programa mendocino



Mendoza cuenta con un Programa de prevención de la reincidencia en delitos de índole sexual. Sigamos charlando con Esteban Lupiáñez, a fin de que nos instruya al respecto.

- ¿De qué se trata el programa?

- Atendiendo al alto grado de especificidad que presenta la problemática de la agresión sexual, se han diseñado programas de intervención para el tratamiento específico de sujetos penados por delitos contra la integridad sexual. Están orientados a lograr la disminución o eliminación del riesgo de reincidencia futura.

- ¿Y qué se pretende con él?

- Este programa de intervención pretende incrementar la conciencia del interno y aumentar el alcance de las elecciones que realiza en relación a su conducta, desarrollando toda una serie de habilidades de enfrentamiento especificas y capacidades de autocontrol que fomentarán una sensación general de dominio y control sobre su propia vida.

- ¿Entonces, se lo puede “neutralizar”?

- Las diferentes intervenciones con un individuo concreto se basan en la valoración de las situaciones de alto riesgo y las habilidades de enfrentamiento que posee o necesita aprender. También se busca que, luego de neutralizar su pulsión a la agresión sexual, pueda, por caso, mantener relaciones sexuales libres de violencia y con parejas adecuadas.



Ulises Naranjo.