Mendoza sin maquillaje: la Terminal y sus múltiples ocupantes

A diario cientos de personas pasan y trabajan en la estación, además de ser un refugio para algunos. Hay unos ochenta locales, entre los comercios y los de empresas de transporte. En el primer piso hay varios espacios abandonados y los consultorios externos del hospital Central.

Cientos de personas pasan a diario por la estación. Foto: MDZ On Line
Cientos de personas pasan a diario por la estación. Foto: MDZ On Line

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Por la Terminal de ómnibus Jorge Contreras pasan a diario miles de personas. Están los que se van, los que llegan, los  parientes que despiden, los que dan la bienvenida, los que trabajan en la estación, los que se refugian en ella y muchos que la rondan para ofrecen sus productos o servicios.

La Terminal, ubicada a cinco cuadras del microcentro mendocino, reúne a mendocinos y turistas, a nacionales y extranjeros y a personas de todas las edades y clases sociales.

En la terminal están ubicadas empresas de transporte.

Desde la inauguración de la estación, en 1972, el edificio sufrió modificaciones y durante los últimos veinte años el manejo y la administración del predio estuvo en manos de la Cooperativa Terminal del Sol, formada por la empresa TAC y trabajadores estatales.

Hace unos días, el Gobierno retomó el control de la estación y prepara un concurso de proyectos para que los interesados presenten sus ideas respecto de la Terminal que debe tener Mendoza en los próximos veinte años.

Los locales comerciantes están ubicados en distintos puntos de la estación.

La estación alberga unos ochenta comercios, que venden los productos más disímiles: desde los típicos regalos regionales, hasta medicamentos, alimentos, fotocopias y ropa.

A estos comercios se suman los de empresas de transporte locales, nacionales e internacionales, que a diario envían colectivos a distintos puntos del país y el extranjero, que salen de algunas de las 60 plataformas existentes.

Desde el primer piso, una vista de los colectivos en sus paradas.

Los empleados de los comercios no quieren decir su nombre, pero se animan a contar algunos secretos de la vida cotidiana de la estación. Aseguran que el ala Norte es mejor para las ventas, que en la Oeste hay menos movimiento, que hay carteristas rondando el lugar y arbolitos que ofrecen a los turistas la compra y venta de dólares.

La Terminal cuenta con baños y armarios para guardar los equipajes.

Los comerciantes también confiesan que hay mucha gente que se refugia en la estación, sobre todo en la época invernal y que algunos desempleados se acercan a ofrecer sus productos o servicios a los turistas.

La Terminal ofrece distintos servicios a los viajeros. Hay casillas para guardar equipaje, sanitarios y duchas -aunque no están en excelente estado-, cajero automático -hay muy pocos y sólo de la red link-, una sala de primeros auxilios y oficinas de informe para orientar a los turistas.

Abandono

En todas las alas de la planta baja el panorama es similar: negocios, gente que va y viene o que espera, choferes, maleteros, parientes que despiden o dan la bienvenida.

El paisaje cambia en el primer piso de la estación, donde hay muchos espacios abandonados desde hace varios años. Allí también está la sede de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) y el Centro de Control de Tránsito de la estación, donde los empleados trabajan alejados del traqueteo que significa la salida e ingreso de ómnibus.

El local de un restaurante, en el primer piso, está abandonado.

Cerrado. Así permanece el patio de comidas del primer piso.

El patio de juegos cerró hace tiempo y el predio quedó abandonado.

Una oficina de la CNRT funciona en el primer piso del ala Norte.

En el primer piso del ala Norte hay dos grandes sitios abandonados: lo que en algún momento fue un patio de comidas y frente al mismo otro predio, en el que funcionó un lugar de juegos, del que sólo quedan algunos dibujos en las descascaradas paredes.

Un panorama similar hay en el primer piso del ala Oeste. Ahí funciona en un extremo el “salón bailable Brisas” y frente al mismo hay un gran predio abandonado donde funcionó hace años una sucursal de Metro Supermercados, una firma mendocina que cayó antes del 2000. Un viejo cartel es el único recuerdo que queda de su breve estadía en la Terminal de ómnibus.

El salón Brisas, en el primer piso.

El gran predio donde funcionó el supermercado Metro permanece cerrado.

El patio de comidas que permanece cerrado. Al fondo, el viejo logo de TAC.

En el primer piso del ala Este se ubican los consultorios externos del Hospital Central, por los que pasan cientos de personas a diario. Cuando uno ingresa pareciera que entra a otro mundo, que no tiene ninguna relación con la vida de la estación.

Frente a la salida de los consultorios se encuentra la sede de la administración de la Terminal, que por veinte años tuvo en sus manos una cooperativa y hoy tomó el Gobierno.

A los consultorios del hospital Central acuden cientos de personas.

Fuera del edificio, pero dentro del predio de la estación, también hay un gran movimiento de personas. Hay dos playas de estacionamiento, paradas de ómnibus locales, un espacio con áreas verdes y más comercios ubicados en el túnel que conecta la estación con el microcentro.
Fuera del predio, la Terminal también atrae. En sus alrededores hay negocios de todo tipo, pero especialmente de comidas rápidas, kioscos y alojamientos.

El movimiento en la estación es constante las 24 horas.

Las veinticuatro horas del día el edificio de la Terminal parece estar en movimiento, un edificio que ahora se busca remodelar para brindar más servicios a todos aquellos que pasan por el lugar, a los que trabajan o se refugian en el.