La epidemia del bullying

Los casos de maltrato en las escuelas crecen día a día. Es una problemática que, en más de un caso, no se denuncia. El grado de violencia también va en aumento según señalan los especialistas. Un 32 % de chicos sufre destrucción de útiles y un 14% sufre gritos.

Excusas: "Acá estas cosas no pasan, son peleas de chicos".
Excusas: "Acá estas cosas no pasan, son peleas de chicos".

Las cifras son impactantes y la cantidad de casos que, día a día, saltan a la luz dejan entrever que se está frente a una problemática in crescendo. La falta de estadísticas oficiales no permite contar a, ciencia cierta, con datos precisos; sin embargo, se habla de una epidemia y de un alto costo psicológico para las víctimas.

En un interesante artículo de La Nación se plantea la idea de la "Ley del más fuerte"; bajo esta lógica funciona el bullying o maltrato escolar. Amenazas, burlas, insultos, gritos, golpes, destrucción de útiles son una de las tantas formas de manifestar un grado de violencia que deja sin palabras a las autoridades y familias.

El tema del silencio es lo que hace menos visible a la problemática y, en consecuencia, más difícil de detectar. En el artículo se recalca que el silencio viene a ser como uno de los principales agravantes de este tipo de virulencia y violencia en las escuelas; adultos que no ocupan tal lugar, maestros, profesores y padres que miran para otro lado. Considerando este panorama muchos especialistas coinciden en sostener que se trata de una "epidemia silenciosa".     

Cifras que no llaman la atención al Estado, sin embargo son relevantes

Según el informe ¿Qué dicen los chicos? Datos cuantitativos sobre la violencia en las escuelas , un estudio realizado por el Ministerio de Educación sobre 70.000 alumnos de colegios secundarios privados y estatales, el 8% de los chicos sufrió exclusión, al 12% lo insultaron, a otro 12% le hicieron burlas, al 14% le gritaron y al 32% le rompieron los útiles. Pero como todos esos hechos son considerados "incivilidades" y no "violencia", se concluye que "a partir de los datos obtenidos es posible refutar la creencia de la escuela como un lugar inseguro".


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