Dos minas de un mismo palo

Gabriela y Rocío Magni son hermanas. Ambas heredaron la pasión por la danza de su madre. En esta entrevista hacen un repaso por sus vidas personales y artísticas.

Las hermanas Rocío y Gabriela Magni cuentan que se consideran mejores amigas. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Las hermanas Rocío y Gabriela Magni cuentan que se consideran mejores amigas. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

En Twitter: @GemaGallardo

Hay una expresión popular que dice "la sangre tira más". Y Gabriela y Rocío Magni son un claro ejemplo de que es así. Ambas son bailarinas, trabajan juntas y se confiesan "minas de un mismo palo".

Las Magni heredaron la pasión por la danza de su madre Beatriz Estrella y aunque intentaron incursionar en otros ámbitos, los genes les marcaron el camino a seguir. Gabriela es la hermana mayor y cuenta que baila desde que tiene uso de razón. Muchos la conocerán porque es una de las integrantes del grupo de flamenco mestizo Simpecao, en el que la bella mujer se luce, deslumbra y seduce con sus encantadores movimientos corporales.

Rocío tiene una historia de vida muy fuerte pero que demuestra que siempre se puede continuar a pesar de las inclemencias que se presenten en el camino. En pleno apogeo de su carrera artística le descubrieron un tumor cancerígeno en uno de sus hombros, lo que la obligó a trasladarse por un largo tiempo a Buenos Aires y cuando muchos creían que su profesión corría peligro, ella tomó coraje y le ganó la pulseada al cáncer.

Las Magni dialogaron con MDZ Online en el estudio que tienen en Godoy Cruz. Con un café caliente para apaciguar el frío, hicieron un rápido repaso de su vida. 

"En 1968, nuestra madre puso su primer estudio de danza en la casa de nuestro abuelo. Enseñaba en el comedor y después se trasladó a Maipú y allí montó una academia. Ella era nieta de españoles y de ahí la pasión por el flamenco", cuenta Gabriela. Y la historia sin duda es parte del pasado que, en este presente, hace que las hermanas se especialicen en los diferentes palos de ese baile.

-Imagino que en las reuniones familiares se bailaba mucho…

Gabriela:- Sí. Cuando era chica la que bailaba en los encuentros familiares, era yo. Primero, porque era la primera nieta mujer que bailaba y, después, porque mi abuelo tocaba la guitarra por placer y siempre tocaba algún fandango o verdiales. No era profesional, simplemente tocaba la guitarra por una cuestión terapéutica. Todos los días después de almorzar o cenar, el tocaba un rato. Y cuando nos juntábamos para los cumpleaños o algún festejo, la Gabi tenía que bailar.

-Rocío, ¿vos te especializaste en otro tipo de danzas?

Rocío:- Empecé a bailar flamenco de chica. Pero la que bailaba en los encuentros familiares era Gabi. En realidad, yo estudié tap, español y flamenco estudié con mi hermana. Y después de eso incursioné en el jazz, que lo bailo hasta la actualidad.

-¿El seguir los pasos artísticos de Beatriz fue algo que se dio espontáneamente?

Gabriela:- Sí. Yo escuché flamenco antes de nacer. Mi mamá bailó el día anterior a parirme, imaginate… En la secundaria, graduada en el año ’89 -dice, se ríe y con la cara hace un gesto como indicando que ya está grande- todos mis compañeros escuchaban rock ochentoso y yo, Fito Páez y flamenco. Mis compañeros no podían comprender que yo escuchara flamenco puro. Cuando empecé la facultad, todos los días viajaba escuchando esa música. Pero fue elección mía, no porque mi mamá me haya obligado.

-De todas formas, las dos trataron de incursionar en otros ámbitos...

Gabriela:- Sí. Estudié en la Facultad de Artes porque no quería despegarme por ningún lado del arte. Si bien mi papá tenía una empresa constructora, siempre me tiró por el lado artístico. Y como quería hacer una carrera universitaria, me metí a Artes Plásticas. Era un mundo maravilloso, pero sentía que no reunía todas las condiciones… Creo que no podía cultivar el baile y la plástica, las dos cosas al mismo tiempo.

Rocío:- Yo empecé con las clases de danza y estudié Educación Física porque quería ser docente. Así que terminé esa carrera y empecé a hacer una Licenciatura en Salud, que esa sí quedó inconclusa pero la retomaré más adelante.

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Danza y, por ello, las hermanas bailaron una sevillana para nuestros lectores. Mirá aquí el video:

Un duro remezón para la menor de las Magni

-Hablando de salud, Rocío vos tuviste una enfermedad muy grave que lograste superar…

Rocío:- Fue un antes y un después en mi vida. En 2004, me detectan un osteosarcoma de hombro. Estaba en mi mejor momento como bailarina porque estaba participando en la Fiesta Nacional de la Vendimia, además en varias departamentales y tenía mis clases particulares. Fue un remezón. Imaginate que este diagnóstico para una bailarina es algo muy grave. Así, fue como decidimos que había que viajar a Buenos Aires donde está el mejor centro oncológico del país especializado en este tema. Fue una larga batalla que por hoy está ganada.

Gabriela:- Hay que contar que en el medio de las quimioterapias, ella bailaba. Hicimos dos espectáculos de tap. Uno fue en el teatro Independencia en el que nadie la conoció porque no quiso bailar pelada y se puso una peluca rubia... En el otro, que fue en el Quintanilla, hicimos que todo el ballet usara pañuelos en la cabeza.

Rocío:- Fue todo un proceso que tuve que hacer para volver a trabajar con mi esquema corporal. Fue bastante engorroso lo que pasé, pero se puede. Hoy, sigo bailando, formo gente y mirando hacia atrás, me atrevo a decir que se puede. Es una enfermedad muy heavy y la tratamos de llevar lo más natural posible.

-¿Decidiste hacerte el tratamiento en Buenos Aires porque tus posibilidades económicas te lo permitían o porque acá no habían avances en el tema?

Rocío-: Casualmente, hace poco perdimos un amigo que estaba en la misma lucha y la situación económica no era la mejor. Yo le recomendé que se tratara en Buenos Aires porque lamentablemente el sistema oncológico en Mendoza está colapsado y falta casuística (sic). Por ejemplo, mi caso era el primero en la provincia y cuando llegué a Buenos Aires ya habían tratado a miles. Los médicos de allá la tenían muy clara con el tratamiento que debía hacer. ¡Ojo!, no estamos hablando mal de los profesionales locales... Además, el que tiene cáncer y no tiene plata, lamentablemente se muere. Es una realidad muy cruda pero es así. Hay mucha gente que sabe mi historia y se contacta conmigo para que les de sugerencias. Gracias a Dios, yo tuve las posibilidades económicas para poder hacer ese tratamiento. Una parte lo cubrió un hospital privado de acá, pero la gran parte la bancó mi familia.

También diseñadoras de indumentaria para bailarinas

Las hermanas no son sólo socias en el estudio de danza que poseen, sino que también han incursionado en el diseño de vestuario e indumentaria.

-¿Cómo surge la línea de ropa?

Gabriela:-Fue un planteo que nos hicimos, en 2006, con mi hermana ya que a muchos papás de nuestras alumnas se les complicaba adquirir las prendas. Para los shows que hacíamos cada año pedíamos ropa a España, sobre todo los mantones, que acá no se conseguían. Con el tiempo traerlos de allá se empezó a complicar. Así surgió la línea... Después de eso empecé a diseñarme ropa cómoda para dar clases, y los que me veían me decían que les gustaba y me preguntaban si no la hacía para vender. Un día Rocío me dijo que pensara en esa posibilidad. Luego una alumna, Eugenia Triay, hizo su tesis para recibirse en la facultad sobre nuestra línea y me hizo ver que éramos las primeras en Mendoza que hacíamos ropa de danza urbana.

Mirá el clip en el que cuentan sobre este proyecto:

Producción audiovisual: Danila Bragagnini, en Twitter @danibragagnini