Kill Bill a la mendocina: condenaron a prisión perpetua a Bernardo Vivares

Justo al mediodía de hoy fue condenado a prisión perpetua el hombre que asesinó a su esposa en Guyamllén con una katana de origen japonés. La pena fue determinada por el tribunal que compone la Primera Cámara del Crimen provincial. El abogado defensor había argumentado emoción violenta, encuadre que fue desestimado por los jueces.

A las 12.00 en punto de hoy, en el Palacio de Justicia de la Ciudad de Mendoza, la Primera Cámara del Crimen local condenó al "asesino de la katana" a purgar una condena de prisión perpetua.

Esa fue la decisión del tribunal que evaluó que el Bernardo Vivares no había actuado bajo "emoción violenta", condición que había servido de argumento al abogado defensor que había solicitado una condena menor.

Al momento de ser conocida la condena a viva voz de parte del presidente del tribunal que condujo el juicio por el crimen acontecido el 19 de abril de 2011 la hermana de la asesinada Mirta Barchiesi (51), Rosa Barchiesi, consideró que "la condena fue justa".

Antes de ser conocida la determinación del tribunal, el abogado defensor del homicida, Alberto Camargo, había solicitado una condena menor a la determinada por la Justicia explicando que su defendido había actuado bajo "emoción violenta".

El argumento que fue desestimado de plano por los jueces estaba basado en un antecedente de 1927.

Mirta Barchesi recibió, entre las 9 y las 10 de la mañana del 19 de abril del año pasado, varias puñaladas por la espalda con una espada katana, un sable samurai, tradicional en la cultura japonesa y popularizada por la saga cinematográfica Kill Bill.

Según se informó en aquel momento, había discutido con su marido porque éste no aceptaba el fin de la relación y en una carta había confesado su intención de matarla y luego suicidarse.

El cuerpo fue hallado en la calle Paladini 150 del distrito La Primavera, en Guaymallén. Barchiesi fue trasladada al Hospital Central donde murió cerca de las 14, mientras que Vivares fue detenido por la policía poco después del hecho, a unas cuadras de la escena del crimen.

Un jefe policial explicó entonces  que en poder del sospechoso se secuestró "el arma asesina y una carta en la que explicaba las razones del ataque y de su suicidio que no llegó a concretar".