Durante décadas, los psicólogos supieron que lo que pasa dentro de nuestra cabeza afecta a nuestros sentidos. Por ejemplo, los niños que piden monedas en la calle las ven más grandes de lo que realmente son, y los que tienen hambre ven las fotos de alimentos más brillantes. Un estudio reciente, publicado por la revista Psychological Science, demostró además que las personas que tienen hambre ven palabras relacionadas con los alimentos con mayor claridad que las personas que acaban de comer.
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