Alejandro Castro Santander, especialista en Gestión de la Convivencia Social y Escolar y licenciado en Gestión Educativa, es palabra autorizada en muchos temas que tienen que ver con lo educativo.
Por eso, en el contexto que estamos viviendo de inicio de clases y conflictos salariales entre docentes y Estado, MDZ Online se comunicó con él para conocer su punto de vista al respecto.
- ¿Cuál es tu opinión acerca de este comienzo de clases caótico, máxime a partir de la frase de la presidenta acerca del tiempo de trabajo del docente?
- En todos estos temas nada es blanco o negro, hay muchísimas variables que hay que contemplar. Por un lado, si uno lo pone desde el derecho de los alumnos de aprender, uno puede sensibilizar a la opinión pública para que se cumpla ese derecho, pero también los chicos tienen derecho a un aprendizaje de calidad, y mucho de la tarea del docente pasa por ahí. Se hace quedar como que todo tiene que ver solamente con lo salarial, y termina uno modificando cuál ha sido siempre la intención de los docentes.Lo salarial tiene que ver con la dignidad docente, pero me parece que también fue en un marco que complicó la conversación salarial cuando se dio esto. En ese clima había una postura muy cerrada de parte de los docentes. Por otro lado, el tema de la educación de los chicos no pasa por los 190 días, no pasa por un montón de variables que por ahí se están poniendo como centrales, sino que tiene que ver con el trabajo de los docentes, con ver qué pasa con la familia, el tiempo que le dedica el chico al estudio. Hay un montón de elementos, por eso no es que los docentes son unos irresponsables porque no comienzan las clases y se terminó la discusión. Pasa por muchas otras cosas. Me parece que lo de la presidenta fue inoportuno, todos los que trabajamos con el tema de los conflictos sabemos que hay cosas que uno puede pensar pero no las tiene que decir, y más cuando se tienen determinadas responsabilidades. No se puede meter a todos los profesionales de la educación en la misma bolsa. Los mismos profesionales de la educación saben que siempre por ahí tienen algún colega que no trabaja como debería, pero eso no quiere decir que todos sean así. Creo que todo este tipo de conflictos se terminan desatando cuando las partes piensan sin el destinatario, que son los chicos. Y el reclamo, y creo que hay que seguir insistiendo en esto, es que cuando uno habla del tema de la calidad pasan muchas cosas. Porque pasa por la posibilidad que tiene de hacer bien su tarea el docente, el clima que se vive en el aula, tener todos los materiales, y de parte de la familia, mandar a su hijo a la escuela, estar presente también en determinados momentos, sobre todo en la educación primaria. Si el chico necesita a veces ayuda, no hace falta que el padre sea un experto en educación, sino que esté insistiéndole en que estudie, en que ordene su tiempo. Hay un montón de elementos que hacen que toda la sociedad tengan responsabilidad en el proceso educativo. Y lo que vamos viendo de a poco es que esa responsabilidad ha quedaddo solamente en los chicos. Si hay muchos repetidores es porque son todos vagos, cuando todas las evaluaciones no dan es porque los alumnos no estudian, y son muchos más elementos los que intervienen, por eso decía que hay todo un gris en esto, ni blanco ni negro, que creo que no se está hablando.
- ¿Desacreditar a los docentes es una forma de generar violencia?
- Lo que interviene ahí es la desautorización. En general, el concepto de autoridad es el de la persona que defiende un valor con competencias. Entonces, si el mensaje que están recibiendo los chicos es que los docentes son vagos, que priorizan lo salarial a su tarea y otras cosas, la imagen en la conversación generalizada es que estamos frente a un trabajador nada más y no frente a un profesional de la educación. Se presta, sobre todo en el adolescente, a muchas ironías. Sin embargo, la sensación que yo tengo es que la sociedad en general reaccionó en contra de estos dichos, y eso en parte es bueno. Pero fue, por usar una expresión común, como tirar más leña al fuego.
- Con este inicio del ciclo lectivo, ¿se puede prever un año más conflictivo en la relación docentes-Estado?
- No. Yo creo que, en general, esto siempre ha sido en los comienzos. Son conversaciones que empiezan a fin de un año, y como no se resuelve nada, comienzan las vacaciones, se relaja un poco la discusión, pero después hay que empezar a hablar de nuevo del tema, y ya tenemos el inicio de las clases encima, entonces por eso empieza esa pulseada para ver quién afloja. En parte, uno podría pensar que los rehenes de todo esto son los chicos, pero, en definitiva, es toda la sociedad. Parece un poco romántico esto, pero hablar de los chicos hoy tiene que ver directamente con el futuro de una sociedad. Pasa que no estamos hablando solamente de los chicos como personas que están en situación de aprendizaje, estamos hablando de los chicos que van a ser luego la fuerza del crecimiento de una nación. Es por eso que aquellas naciones que han buscado estrategias para salir adelante para desarrollarse y para ocupar los primeros lugares a nivel mundial apostaron a la educación, pero apostaron a la educación en serio, y el centro del cambio fue siempre el docente.
- ¿Qué faltaría entonces para apostar a una educación en serio?
- Nosotros estamos con la escuela del siglo XIX. Falta mucho, lo que pasa es que esto se da con un proyecto estratégico donde hay que ir dando pasos muy firmes pero que van a llevar mucho tiempo. El eje de los sistemas educativos que han salido adelante está en los docentes. Docentes muy comprometidos, pero docentes de excelencia. En muchos países, para poder ser un profesional de la educación no es necesario solamente tener el título, sino también hacer posgrados. No es docente cualquiera, tiene que ser un figura social de extremo prestigio y calidad. Eso es lo primero. Lo segundo es un altísimo compromiso de la familia. La familia, como primera educadora, está al lado del alumno y acompaña al docente. Hay sociedades, como la finlandesa, en las que no se le puede ocurrir a nadie faltarle el respeto a un docente, porque es una falta enorme que muchas veces merece la cárcel. Esto tiene que ver con el prestigio, la autoridad. Y lo tercero es el presupuesto. Que si decimos que se va a apostar a la educación para hacer una transformación social, esté también lo que haga falta. No quiere decir que sea lo más importante, porque en las investigaciones que se hacen sobre calidad educativa la calidad pasa justamente por otro lado, pero es un elemento muy importante que tiene que estar. Y recuerdo una frase muy vieja que dice que si la educación le parece cara, pruebe con la ignorancia. O sea, el presupuesto es muy importante, pero lo estamos poniendo en tercer lugar.
- ¿Los contenidos quedarían mucho más adelante?
- Claro, porque no estamos creando los climas, y si no tenemos los climas, los contenidos son algo relativo que tienen muchas veces que ver no con que los diga un diseño nacional o provincial de currículo, sino con que el docente está capacitado, por eso se va a encargar solo de armar su planificación con lo que necesita realmente el chico y con lo que corresponda. Y volviendo al presupuesto, es algo que se dan en toda América latina y el Caribe, y es un indicador que demuestra que la educación no ocupa el primer lugar en las agendas, si no, no estaríamos hablando año a año si empezamos o no las clases por estos problemas. Tendría que haber una planificación estratégica tan generosa que ya se sabría lo que debería pasar dentro de cinco años. En educación se puede planificar a largo plazo.
- Pero pareceira que las dictaduras han tenido más en claro eso que las democracias.
- Seguro. Cuando está claro adónde se quiere ir, se puede planificar a largo plazo. Hay una frase que dice que cuando uno no sabe adónde ir, todos los caminos te llevan. Y eso es lo que nos está pasando en educación.
Alejandro Frias, en Twitter @FriasAle