¿Uniformes inteligentes para controlar la asistencia a clases?

Brasil prueba el "uniforme inteligente" para controlar la presencia en clase. Los colegios públicos de Vitoria, en el estado de Bahía, combaten las “ratas” o “sincolas” con chips insertados en la ropa de los alumnos. Los dispositivos registran las entradas y salidas de los niños y en el acto envían un SMS al móvil de los padres.

¿Cómo evitar la "rateadas" es el dilema en Brasil? Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
¿Cómo evitar la "rateadas" es el dilema en Brasil? Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Los modestos índices de escolaridad son un problema nacional en Brasil, donde unos 3,8 millones de niños y adolescentes de entre 4 y 17 años (el 8,5% del total) no pisan el colegio en todo el año, según datos del 2010. Pero en la ciudad de Vitoria da Conquista, en el estado de Bahía, el desafío es el absentismo escolar, es decir, el hábito de hacer novillos o campana con demasiada frecuencia. Así era al menos hasta ahora, pues las autoridades educativas parecen haber dado con la posible solución gracias a una aplicación tecnológica relativamente sencilla hoy día. Lo llaman el “uniforme inteligente”.

El invento consiste en realidad en un chip que se inserta en un puño de a manga o en el escudo del uniforme escolar. El dispositivo, cargado con un número que identifica al alumno, emite una señal y una indicación de la hora cada vez que su portador pasa por el sensor instalado a la entrada del centro. La señal genera un mensaje que se recibe en la propia escuela y en el móvil de uno de los padres o tutores del crío, en forma de SMS. Por supuesto, el chip va bien protegido para resistir los lavados y planchados de la ropa.

A fin de que no quede todo en mero control, el programa establece un protocolo de tratamiento pedagógico para los alumnos que, pese a todo, reincidan en sus ausencias. En el momento en que un estudiante sume tres inasistencias, los docentes citarán a sus padres a una reunión para estudiar el caso y sus posibles soluciones.

El sistema, basado en lo que técnicamente llaman Radio Frecuencia de Identificación, empezó a implantarse la semana pasada en las escuelas con mayores tasas de absentismo de Vitoria. Pero la idea es extenderlo a los colegios públicos de todo el municipio, de 300.000 habitantes. En una primera fase se asignarán chips a unos 20.000 niños de entre 6 y 14 años.Y, si todo va bien, para el mes de agosto terminarán de distribuirse a los más de 42.700 chavales integrados en la red pública escolar de la ciudad.

El secretario municipal de Educación, Coriolano Moraes, cree probable que otros ayuntamientos de Bahía e incluso otros estados incorporen pronto el sistema. Sobre todo si el asunto preocupa tanto como en Vitoria. “Teníamos un gran problema de asistencia a las clases. La incidencia de las faltas llegaba al 35% por ciento, y había niños que no acudían a la escuela en todo un mes. Llevábamos cuatro años pensando cómo resolver el problema”, dijo Moraes.

La puesta en marcha del programa ha costado medio millón de euros, con cargo a los presupuestos. Aunque todavía es pronto para una evaluación fiable, la primera impresión es positiva... Al menos para los padres.
“Mi hija va al colegio en autobús y yo me quedo muy preocupada todos los días”, confesó la cocinera y madre de familia Gilmara Rosa de Jesus en declaraciones a la agencia La Tarde. “Ahora estaré más tranquila”, señaló.

Lo mismo dijo Sidilane Lopes sobre su hijo. “A partir de hoy tendré la certeza de que entra y sale de la escuela a su hora… Pienso que este nuevo uniforme protegerá a muchos escolares, pues ayudará a evitar que se desvíen al mundo del crimen”.

La frase puede sonar demasiado dramática o pesimista fuera de Brasil, pero Sidilane Lopes no exageraba. Su preocupación es compartida por muchos padres en todo el país, donde lo que inquieta no es tanto el hecho de que los niños hagan novillos, sino con quién compartan ese tiempo y a qué lo dediquen. Las calles brasileñas ya no aparecen tan pobladas de meninos da rua como hace unos años, ni mucho menos. Pero todavía se ven algunos. Al fin y al cabo, aún son millones los que no van a clase alguna.



Fuente: La Vanguardia.