Carta abierta de Osvaldo Quiroga

Ante tantas opiniones y comentarios estériles y carentes de información, frente a la tragedia que significa para mí, para María Inés, y para muchos otros el homicidio de Matías, deseamos fijar públicamente posiciones en relación a todo esto. De no hacerlo, solo se crea más confusión, y  hoy necesitamos orden y cordura para mejorar el estado de las cosas en nuestra sociedad. Por ello, no precisamos ningún intérprete, periodista, abogado, filosofo, sociólogo o analista, mucho menos aun, opiniones tendenciosas, especulativas, y/o desinformadas, para explicar que es lo que intentamos decir. Para eso, estas líneas.

En principio es necesario aclarar que las peticiones que hemos efectuado, están dirigidas a mejorar el sistema desde el Estado, el que debe garantizarnos la seguridad, la que desde hace tiempo y hasta hoy, no tenemos. Esto involucra a los estamentos penitenciario, policial y judicial, en el corto plazo; y en otro mayor, puede alcanzar modificaciones de fondo y de forma al conjunto normativo. Este es el espíritu de nuestro petitorio, que manifiesta tres puntos simples y claros.

¿Qué buscamos en lo inmediato? Lograr, dentro del amplio espectro de delitos y delincuentes, que aquellos que resulten los más crueles y temibles, no continúen aconteciendo. Que los homicidas, mas aun aquellos reincidentes y con prontuario, no estén en las calles, sino cumpliendo su condena. Los niveles de seguridad mejorarían notablemente, ojala de inmediato. Esto sería un comienzo auspicioso. Siempre habrá delincuencia y siempre se deberá combatirla; nosotros aquí nos referimos a la peor de todas, que es la que deja a su paso víctimas mortales inocentes, como nuestro hijo Matías.

Queremos señalar también, para evitar la reiteración de pensamientos miserables que algunos expresan públicamente, que para nosotros todas las muertes de víctimas inocentes provocadas por este tipo de delincuencia deben ser objeto de reclamo y atención. Los derechos humanos, tal y como las reconocen las normas jurídicas vigentes en nuestro país son y deben ser para todos, ninguna condición social, educativa, económica o de otra índole, puede tener injerencia en el tratamiento, que el sistema en general y las instituciones en particular, hacen de los delitos que afectan a una sociedad. Quien pretenda ver diferencias donde no las hay, es malsano, y no debe usar los casos como el de Micaela y de Matías, u otros anteriores o posteriores para exhibir su propia bajeza, sea esta moral o intelectual. Por este motivo, y sin haber ocurrido la tragedia que es para nosotros la muerte de Matías, en el pasado hemos participado de otras marchas por otras víctimas. No solo en estas horas defendemos los derechos humanos, en especial a la vida, siempre lo hemos hecho. Y es un exceso, de naturaleza execrable, que alguien piense siquiera, y menos aun públicamente, que los reclamos de algunos deben ser atendidos y no los de otros, basándose en cualquier supuesta diferencia como la que arriba señalamos, que solo mentes pobres y corazones oscuros pueden imaginar.
Otros quieren confrontar la legitimidad de los reclamos efectuados con expresiones atentatorias contra los derechos humanos arriba referidos. Una infamia. Toda expresión, escrita u oral, tiene su contexto. Las nuestras tiene como telón de fondo la muerte de Matías. Por si alguna expresión vertida por nuestra parte en dicho contexto, y si alguien se ha sentido ofendido, pedimos perdón humildemente. Pero quisiéramos aclarar que podemos asegurar, que todas las personas que componen el sistema que debió proteger a Matías, y además su asesino, nos han provocado una gran ofensa, una herida tan profunda, que ojala nos alcance esta vida para sanarla.

Hemos seguido atentamente comentarios y cartas abiertas que ponen foco en los derechos humanos, su defensa y la necesidad del respeto y cumplimiento por parte de todos de la normativa que los ampara. Compartimos tal visión, pero es imprescindible manifestar que no es el concepto ni el respeto por los derechos humanos lo que nos separa de otros que los invocan, sino según el caso, la perspectiva moral desde la cual deben ser apreciados. Mientras que algunos, invocando derechos humanos, defienden desde cualquier parte de un sistema anestesiado y despegado de la realidad que debe regular, a delincuentes que, una vez condenados, vuelven a las calles a matar inocentes, nosotros buscamos que los derechos humanos se encarnen efectivamente en nuestra sociedad, protegiendo la vida, como el primero y más fundamental de ellos, por ser el que permite la realización de los restantes, entendiendo para esto, como medidas adecuadas, no solo las de prevención que se requieran según las circunstancias, sino asumiendo como justo el cumplimiento de las penas por parte de los delincuentes condenados.

Resulta, al menos contradictorio, que muchos que han opinado en los días pasados sobre la problemática de los derechos humanos, carguen las tintas sobre las expresiones dolorosas de familiares de víctimas mortales de la violencia salvaje que nos rodea, siendo tal vez esos que opinan quienes mayores beneficios, de todo tipo, obtiene del sistema que hacen al respeto y cumplimiento de tales derechos. Es paradójico, pero hay quienes invocan derechos humanos para peticionar y fundar decisiones que sirven para liberar a delincuentes homicidas, quienes, una vez puestos en contacto con la sociedad, vuelven a matar víctimas inocentes, cuyo derecho humano a la vida debe estar debidamente protegido por el sistema judicial, legal, penitenciario y policial. ¿No es esta una contradicción evidente? ¿Quién, de todos los que forman parte de este sistema de funcionamiento tan perverso, desde cualquier rol que cumpla dentro del mismo, puede vivir tranquilo, tal y como si no fuera responsable de lo que nos sucede día a día?

Frente al contenido de la carta abierta que publicara el diario online MDZ el día domingo 18/03/12, ya no podemos dejar de poner en claro cuál es nuestra posición frente a estos temas. Afirmamos, que no eran Micaela o Matías, u otras víctimas, quienes se encontraban en el lugar y momento equivocado al encontrar tal violenta muerte. Afirmamos, eran los delincuentes quienes lo estaban. La percepción del autor de tal carta, que lejos de condenar, apreciamos por su franqueza, entendiendo a su vez el sentido cabal de lo que su autor ha querido expresar, no hace más que evidenciar, lamentablemente para Micaela, Matías, y tantos otros, la errónea interpretación que hacen de estas circunstancias los actores del derecho penal y del sistema que lo aplica. Estas son las implicancias de estar anestesiado frente a las cosas, creyendo que los tecnicismos legales van a salvarnos la vida. Las balas siguen matando personas, lejos, cada vez más lejos de las doctrinas del derecho penal, de la psicología y todos los eruditos juntos. Eso es lo que debemos comenzar por cambiar, sacando las causas del problema a la luz. Basta de decisiones inconsultas, basta de una sociedad indiferente y desinformada. Ciudadanos en general, amigos, familias no permanezcamos en el letargo cómplice que sufre el mismo sistema.
Entendemos humildemente, que nuestro petitorio es solo el primer paso a dar. No queremos pena de muerte, no queremos abolir derechos humanos, todo lo contrario, queremos realización efectiva de estos. Exijamos por nuestros derechos conociendo las normas por las que se condenan y liberan a los que nos les importa nuestra vida, y dejando en evidencia a quienes no nos protegen teniendo a su disposición la potestad del Estado y el deber funcional de hacerlo. Trabajemos para generar las medidas y modificaciones al sistema, útiles y precisas para ello.

Estas últimas líneas para los escépticos. A lo largo de estos días, he leído y escuchado opiniones de aquéllos que no creen en el funcionamiento de los sistemas de seguridad, penitenciario, ni judicial. Pero tampoco creen que los mismos puedan modificarse para mejorar. Me pregunto ¿Qué piensan? ¿Esperan encerrarse en un sótano? Siento que esta forma de pensar nos muestra más de nosotros mismos que lo que la realidad nos muestra diariamente. Alguna vez, al igual que mi hijo Matías, fui un deportista de alta competencia del remo. Hoy pienso, si cada vez que escuché el disparo del inicio de la competencia, hubiera pensado que no podía con el desafío, que propósito tenía que la vida me diera esa oportunidad. Hoy escucho otros disparos, es triste para mí y para otros. Sin embargo les pido, hagamos todos juntos el esfuerzo de vencer en este desafío, porque el destino de nuestra sociedad siempre estuvo en nuestras manos.
                                                                                                                                 



                                                                                                                                  Osvaldo Daniel Quiroga