Se acaba el verano.
Gran verano laboral. Gran verano social. Gran verano familiar.
Y sin embargo, no fue un buen verano. Creo que ha sido el peor, en mucho tiempo. Nada salió como yo quería.
Pero el final del verano sirve para decidir finales. Decidí que iba a dejar de hacerme el superado, y reconocer que me importaba. Y como me importaba, chau.
No fue una relación buena. Lamentablemente, lo que más recuerdo son escondrijos, y secretos, y manipulaciones, y peleas. Ahora me queda el hartazgo, el cansancio y la afonía de tanto llorar. Por eso lo primero que voy a dejar morir, antes que al verano, es al Federico que no se animó a decir “hasta aquí” cuando era el momento, sino que dejó “que las cosas fluyeran” hasta que el final fue amargo.
Necesitaba que lo de M concluyese. Porque, aunque yo mismo trataba de convencerme de lo contrario, me dejé llevar por las proyecciones, por los anhelos. Esperé palabras que M nunca me dijo. Esperé planes que nunca tuve con M.
Por eso hoy también debo mandar al carajo toda esa falta de compromiso y a ese Federico emperrado que no aceptaba que lo que era; era solo eso, y que, en definitiva no lo querían igual.
No sé llegar a fin de mes
Me cuesta mucho llegar a fin de mes, en todos los aspectos. En cuanto al dinero, soy bastante desastre: pesos que llegan a mí, pesos gastados. Me cuesta guardar, pierdo la plata, no la tengo en el colchón y a duras penas la ahorro a veces en el banco. Nunca sé qué hago con la plata, pero sé que la disfruto: no soy de negarme los gustos, y, claro, a fin de mes sufro porque tengo que para pagar las deudas.
Pero me doy cuenta que en mi vida soy así: nunca guardo nada, siempre me gasto todo, y no pienso que puedo quedarme deprimido porque me quedé sin nada. Ahora me doy cuenta de que tampoco supe “llegar a fin de mes”, nunca, con M. Yo siempre derrochaba.
Siempre he sido un necio. Un precipitado con la plata, con el cariño y con los sentimientos. ¿Por qué nunca pienso en el frío de después, o en el dolor de después, o en la pobreza de después?
La respuesta es fácil: porque cuando tengo algo me lo gasto todo, sin pensar en el después. No sé si eso es bueno o es malo. Por ahora, lo que sí sé es que me embola esta etapa de fin de verano porque tengo vacío el bolsillo, el corazón, las ganas.
Pero lo bueno es que estoy conciente de que esto es una etapa: que a fin de mes me pagan, y listo. Que algún día, cuando M termine de irse, va a llegar alguien con quien me gastaré todo lo que sienta, sin esperar, sin pensar.
Federico Croce en Twitter: @FedericoCroce
Réquiem
MDZ Cool volvió con todo, hasta con lágrimas en los ojos. Cuando se llega a un final de algo en los tiempos que corren… ¿La solución es el violento cortar de cuajo, o necesitamos de lo paulatino, de lo lánguido de un proceso? ¿Frente a la desilusión, la reacción es la dureza de corazón? ¿Hay que hacer un lema de vida con el dicho popular “El que se quema con leche ve la vaca y llora”? Una reflexión que pide tu opinión al respecto.