El bailarín de 1 y 61, "dueño" del barrio y furor en Internet

Ofrece dos funciones diarias desde la terraza de su departamento y cada vez convoca más gente. "Lo hago como una gimnasia, me hace bien al cuerpo y a la cabeza, pero también me sirve para tomar sol". Aquí la historia detrás de escena. Mirá los videos.

El bailarín posando antes de subir fotos a Internet.
El bailarín posando antes de subir fotos a Internet.

Se pone un slip sunga, la música a todo volumen y se deja llevar como si estuviera en un trance; mientras hace pasos rítmicos, cierra los ojos, luego gira y finalmente levanta los brazos hacia el sol. Los videos del exótico baile de Julio César sobre la terraza de su casa en 1 y 61 son furor en internet y no es extraño que eso ocurra porque ya tiene miles de seguidores que son espectadores de ese ritual, aunque él diga estar ajeno a su "público" y asegure tímidamente que sólo baila por placer.

"Lo hago como una gimnasia, me hace bien al cuerpo y a la cabeza, pero también me sirve para tomar sol, una pasión que heredé de mis viejos que siempre estuvieron bronceados. Eran los años en los que no se hablaba del agujero de la capa de ozono", cuenta con tono amigable.

No tiene televisión, teléfono celular, internet, ni vergüenza a la hora de apoderarse de la pista de baile que improvisa todos los días en la terraza que da a la esquina de 1 y 61. Asegura que la danza lo hace sentir bien porque le permite liberar endorfinas que lo alegran. Y debe ser así, porque Julio se ve libre y feliz.

El universo del enigmático bailarín muestra libros apilados en cada rincón de su casa, algunos cuadros abstractos en los pasillos, cientos de discos de vinilo en un mueble, un equipo de música y una planta que creció de manera desmedida hasta alfombrar de verde gran parte del piso. Prefiere no hablar de su ocupación laboral y asegura que tiene dos sueños, recibirse pronto de psicólogo y encontrar el amor de su vida: "Una piba linda y buena", aclara.

"ENTRO EN TRANCE CON RAFAELA CARRA"

En su quehacer cotidiano Julio es feliz bajo el sol, escuchando buena música -tiene alrededor de 400 Cds- y tomando una cerveza, sostiene que hay estudios científicos que revelan que es tan buena como el agua y que él necesita hidratarse porque el "trance" que le provocan los temas de Soda Stereo, Rafaela Carrá o Sandra Mihanovich puede durar hasta cuatro horas, cuando su agotamiento físico es casi total.

"Necesito bailar, para mi es un ejercicio, una actividad lúdica que me genera placer", resume sin vueltas Julio César Marelli García, el hombre de 42 años que jamás baila en compañía y al que sólo le faltan dos materias para recibirse de psicólogo.

DOS FUNCIONES DIARIAS

Cuando sale a su patio para improvisar coreografías se sabe observado, pero sigue adelante con el hábito dos veces al día, a eso de las 11 y por la tarde, alrededor de las 16: "Me descubrieron los chicos que pasaban para las escuelas, ellos son los que pusieron mis imágenes en internet porque se divierten cuando bailo o hago las fonomímicas de los temas", dice mientras recuerda que de chico estudiaba piano y percusión en el Conservatorio Gilardo Gilardi.

Por estos días el bailarín parece estar ajeno a todo el revuelo mediático que se armó en torno a su "excéntrica" costumbre y se muestra sorprendido por las repercusiones que le llegan a través de terceros.

"Fui a tomar un café y la moza del bar me contó que era famoso, que me había visto en la tele; no entiendo por qué aparezco en los programas, pero tampoco me molesta. Lo único que quiero es que no me hagan quedar como un pelot...", afirma en la terraza de su departamento mientras empieza a escucharse un tema de Virus y una media docena de espectadores urbanos que alzan la mirada desde la avenida 1 para ver su aparición.