"En Navidad conocimos a Pinocho y no a Papá Noel". La frase le pertenece a Silvia Pérez, una vecina de Guaymallén que tuvo que tirar toda la mercadería que había comprado para Navidad, ya que en la zona donde vive estuvieron 14 horas sin luz luego del zonda. "Llamábamos a Edemsa y nos daba ocupado todo el tiempo. Las pocas veces que nos pudimos comunicar a la empresa de luz, cerca de las 23, nos dijeron que las cuadrillas estaban trabajando para resolverlo inmediatamente. Obviamente que era mentira", explicó la mujer.
Historias como la de Silvia se repiten en muchos rincones del Gran Mendoza y sus alrededores luego del zonda que azotó el 24. "Seguimos prendiendo velas, pero esta vez para que no nos quedemos sin luz el 31", asegura Juan Cruz, un vecino de Las Heras.
Lo cierto es que 45 mil mendocinos sufrieron el corte de suministros eléctricos el 24 y 25 y para muchos la falta de ese servicio implicó que tampoco pudieran contar con agua. Aquí te presentamos un puñado de historias de gente que a pesar de todo le "puso onda" a la Navidad.
"Seguimos prendiendo velas, pero esta vez para que no nos quedemos sin luz el 31". Juan Cruz, vecino de Las Heras.
Estamos bien los 33
La familia Lucero, que reside en Los Corralitos, estuvo 24 horas sin luz. "En mi casa, en el barrio Santa Ana, hubo una baja de tensión desde las 5 de la tarde y no volvió hasta el otro día a la mañana. Pero habíamos quedado en pasar la Nochebuena en la casa de mi hermano en Los Corralitos. Allá se cortó totalmente el 24 a la tarde y hasta el 25 a la tarde, no volvió. A eso sumale la falta de agua. Tuvimos que conectar una luz a la batería del auto y con eso cenamos. Además, teníamos esas linternitas que se ponen los mineros en la cabeza y así anduvimos hasta el amanecer", contó Celeste Lucero.
A pesar de que la anécdota es contada con risas a modo de resignación, no quedó la experiencia como una simple anécdota: perdieron toda la comida que tenían en el freezer. "Fue divertido abrir los regalos con la liternita, sobre todo para los niños, pero no todo es bueno cuando perdés toda la comida que compraste con esfuerzo", contó la joven estudiante, quien agregó que su novio -que también vive en el barrio Santa Ana- "tuvo que cenar directamente con la luz de la luna porque ni velas consiguieron".
Pinocho es de carne y hueso
Silvia Pérez no es la única vecina de Guaymallén que cree que quien llegó fue Pinocho y no el niñito Jesús. Natalia Ochoa, vecina de Guaymallén estuvo, desde las 21 del lunes 24 hasta las 10 de la mañana del 25 sin luz y con su pequeña hija asmática: tuvo que hacer magia para que el zonda no la afectara aún más sin luz.
"El problema por esta zona fue que se cayeron muchos árboles y eso se debe a que desde la municipalidad no hacen el mantenimiento que corresponde para que las ramas secas no terminen dañando gente ni cortando cables. Con mi hija asmática y sin luz 'me las vi en figuritas' para que no sufriera más el zonda. Prácticamente tuve que cubrir los ingresos con paños húmedos, así no se ahogaba. Tuve miedo. Espero que para el 31 tengamos buen tiempo y que no usen de excusa el gran consumo de energía para dejarnos sin luz", enfatizó Ochoa.
Por su lado Mónica Pacheco, una docente oriunda de San José, dijo que "ni siquiera pude tener una cena romántica a la luz de las velas, porque con el calor que hacía, no aguantaban: se consumían al toque”. Pero para esta maestra de plástica hubo un detalle positivo: “acá la luz se cortó a las 21 y al menos eso nos permitió alcanzar a resfrecar la casa y enfriar las bebidas".
Vecina, ¿me presta la ducha?
Para Juan Cruz, de Las Heras, y padre de cuatro pequeños, la situación fue muy complicada. "Vivo en un complejo de monoblocks en donde la bomba de agua es eléctrica, por lo tanto si la luz se corta tampoco disponemos de agua. Ese día tuvimos que ir a la casa de mi suegra, a unas cuatro cuadras de la nuestra, para bañarnos. Pensábamos hacer un lechón y pollo asado, pero obviamente terminaron en el horno. Imaginate con los 42 grados y las puertas cerradas por el zonda... El departamento era un sauna".
Por su lado Renata Terrera, una lasherina que vive en la intersección de Olascoaga y Ortiz, sigue sufriendo el corte de agua. "Todos los veranos padecemos la baja presión, pero el 24 fue de terror. Se cortó la luz y como nuestro portón es eléctrico tuvimos que cerrarlo manualmente cuando decidimos irnos a pasar Nochebuena a otro lado. Tengo que estar llenando baldes en la calle para poder bañarnos. Imaginate la situación, con dos niños pequeños. Nos quejamos a la empresa porque desde el 24, la situación se ha agravado más y dicen que van a venir, pero como hay mucha demanda, se pueden demorar hasta dos meses".