Rocío Curto es la Reina de Godoy Cruz 2013

La bella rubia representó al distrito de Benegas."Vendimia del encanto rojo" dio inicio al raid de celebraciones departamentales.

Foto: Alf Ponce/MDZ
Foto: Alf Ponce/MDZ

Quince mil almas, según la información que aportó la dirección de prensa de Godoy Cruz, poblaron el espacio Menotti Pescarmona, y disfrutaron de la fiesta departamental.

Rocío se transformó en la sucesora de Agostina Díaz por un amplio margen: 54 votos fueron los que cosechó. La joven, de 24 años, tiene ojos verdes y cabellos rubios. Mide 1.73 de estatura y está finalizando sus estudios en Psicología.

"Quiero desearles a todos felices fiestas. Muchas gracias a todos los que se han acercado a disfrutar de esta hermosa fiesta. ¡Estoy feliz!", dijo Rocío, en sus primeras palabras como reina.

La representante del distrito Centro, Silvina Dipascual, se quedó con el virreinado: obtuvo 29 votos.

Los comienzos. Alfredo Cornejo, anfitrión y cacique godoycruceño, llegó acompañado de las nueve candidatas departamentales y de Agostina Díaz, la reina saliente. También arribaron al predio Marizul Ibáñez, directora de cultura, Javier Espina -ministro de Turismo- y Wanda Kaliciñski, Reina Nacional de la Vendimia 2012.

Alfredo Cornejo, el ministro de Turismo Javier Espina, su esposa, y Marizul Ibáñez -ministra de Cultura-.

Las jóvenes candidatas fueron presentadas con una canción compuesta especialmente por el dúo Oyarzábal - Navarro, en la que se mencionó cada distrito.

Las candidatas de Godoy Cruz 2013.

"Este ha sido un año muy importante para mí. Sentí el honor de conocer a personas que me han dado mucho y me han hecho feliz. Quiero agradecerle a todas las autoridades y a la Municipalidad de Godoy Cruz. Por supuesto y especialmente, a mi familia, amigos y a la corte 2012 y 2013, que me acompañaron con cariño. Ha sido un honor representarlos. De ustedes no me voy a olvidar nunca, han marcado mi corazón", dijo Agostina Díaz, entre lágrimas; y con la voz totalmente entrecortada, dio la orden para el inicio del acto. 

El acto artístico. El guión de la fiesta giró en torno a un vino que –desde la ficción- viaja por la sangre de los habitantes de Godoy Cruz. Enamorado de la belleza, aún antes del origen fue un designio destinado a ser materializado en las grandes bodegas de este departamento mendocino.

Estructurada en ocho actos subdivididos en cuadros, la historia comenzó con una celebración ritual del “encanto rojo” premonitoria del vino aún no nacido y luego viajó por lugares que son íconos para el suelo de Godoy Cruz. El sol como energía de la vida, el agua vital y profunda, resaltando el predominio regional del departamento y encontrando imágenes características de su tradición y su historia, como la actividad ecuestre del Hipódromo, el rostro de bronce de Tomas Godoy Cruz y Tropero Sosa, en su aporte a la gesta libertadora, la Cooperativa eléctrica, San Vicente Tango, entre otros, que unidos a la cuyanidad, ritos costumbristas, el federalismo, la fe, etc., siempre están en estrecha fusión con un vino en avance y crecimiento que, de la mano del hombre y de su trabajo, sube desde la raíz a la savia, de la savia al racimo, del racimo a las cubas y de las cubas al brindis que lo mezcla con la sangre para ser devuelto a la tierra a través del sudor del hombre.

Las intenciones de los creadores de la fiesta. "El lenguaje especialmente construido desde la cadencia y las figuras poéticas, rigió los climas emocionales y disparó una sucesión de imágenes, destinadas a proponer una puesta moderna, activa y colorida que, sin lesionar lo tradicional, recurra a audaces innovaciones destinadas a la concreción de un espectáculo que provoque la adhesión del público", explicaron en la gacetilla.

"El tema central resaltó al vino como un sueño de la vendimia, este matiz de la historia nos permite mostrar la inagotable vigencia del vino y su relevancia dentro del departamento de Godoy Cruz, que se muda de expresión y sigue creciendo regado en cada  calendario por el vino niño y abuelo, que funciona día y noche madurando a la par de la Ciudad, plasmando el legado de ser “Cuna de grandes bodegas”.

Destacando que aunque la vendimia sucede en otras locaciones, esta es la tierra elegida para que suceda el milagro del vino nuevo, para establecer este viaje paralelo del vino y la Ciudad, se propuso la utilización de un dispositivo escenográfico anexo donde, en forma constante y durante todo el desarrollo de la puesta, suceda el trabajo en una bodega, mostrando que el vino tiene una vida continua, que no se altera más allá de las diferentes circunstancias de la tarea cotidiana.

Los puntos bajos. "El guión fue cuidadosamente elaborado para provocar escenas de gran intensidad y variedad, para que el espectador transite por diversas emociones", rezaba el texto que entregó prensa del departamento. Se trata de un objetivo poco logrado: la fiesta fue tradicional -para algunos, una característica que enaltece, para otros, una cualidad que la hace olvidable- y tuvo los pasos obvios de toda Vendimia: el sol, el agua, los inmigrantes, la bodega... el caminito que tantas veces hemos visto.

La puesta transitó desde lo tradicional a lo moderno, reconociendo los cambios a lo largo de la historia, pero rescatando la misma raíz viñatera que nos reúne en el rito celebratorio de cada vendimia.

El momento más absurdo estuvo dado por el dúo de Venancio y Chingolo, dos humoristas que cortaron abiertamente la fiesta -y el hilo conductor de la misma- a la mitad e hicieron una suerte de stand up cuyano que hizo reír a pocos y terminó con el baile de Gagnam Style (¿?). Sin palabras.

Los logros. Grandes coreografías -entre las que se destacaron los cuadros del Gato, el Tango y el Malambo- y una destacada destreza física en acrobacia, despliegue de bello vestuario y un maquillaje para aplaudir fueron algunos de los ítems que probaron que desde lo técnico, la fiesta fue un éxito.

La integración y la diversidad en los actores -hubo desde pequeños niños hasta adultos mayores y ancianos- fue otro punto para enaltecer y tomar de ejemplo.

Quizás el pecado estuvo en el exceso de lirismo, en contraste con la fiesta del año anterior (en clave de comedia musical), que probablemente el público sintió mucho más cercana.