Los prostíbulos de Tucumán, un gran negocio

Trampas para presentarse como lo que no son, burlas a la ley, connivencia política. Un negocio ilegal que deja mucho dinero.

Foto: EFE
Foto: EFE

La semana que terminó trajo consigo un fallo judicial que acarreó protestas desde varios sectores: el de los jueces de Tucumán que dejaron sin responsables la causa por la desaparición de Marita Verón.

El diario La Nación publica hoy una investigación en la que deja al desnudo el negocio de los prostíbulos en Tucumán, los que “reciben el nombre genérico de night club, pero todos saben que detrás de las descascaradas paredes se esconden prostíbulos de la peor calaña”.

Estos prostíbulos se mantienen abiertos a pesar de que en agosto la Legislatura provincial sancionó la ley denominada "prostíbulos cero", que prohibió la instalación, promoción y funcionamiento de cabarets, clubes nocturnos, boites, saunas y establecimientos de alterne que realicen y exploten o faciliten actos de prostitución. Si bien existió una decisión política de erradicar los prostíbulos, varios de esos locales siguen abiertos o se reconvirtieron.

Como ocurrió con Marita, las mujeres que antes estaban cautivas en esos cabarets fueron vendidas a los dueños de whiskerías de otras provincias. Dentro de esa "reconversión" encarada por los proxenetas figura la realización de fiestas privadas donde sólo pueden ingresar "conocidos de la casa".

El informe de La Nación explica que algunos de los motivos de por qué siguen funcionando los prostíbulos tienen que ver con el dinero que le deja una mujer al dueño de una whiskería. Cada mujer cobra entre $80 y $100 por pase. Un pase representa una relación sexual. Una mujer realiza por lo menos veinte pases en una noche. Esto representa $2.000 por noche, $12.000 por semana y $48.000 por mes. Se trata de montos que el propietario de un prostíbulo obtiene a partir de la explotación de una sola mujer. La cifra no incluye los consumos en bebidas de los clientes. Así quedan expuestos los montos que mueven las organizaciones de trata de personas que compran y venden mujeres, sólo en Tucumán.

Otra de las variantes que encontraron los dueños de los cabarets para eludir la ley fue sacarle el clásico farol rojo y presentarlos, por ejemplo, como un estudio jurídico. Eso fue lo que hizo un conocido personaje del bajo mundo hasta que, en noviembre pasado, la División Trata de Personas allanó el "estudio jurídico", situado en Lavalle al 200, y encontró a cinco mujeres que ejercían la prostitución. Nadie quedó detenido. Las mujeres fueron consideradas víctimas por la Justicia. Eso sí, el dueño del local tuvo que darle explicaciones a su tía, una ex jueza, por haber usado la chapa de abogada y colocarla en la fachada del falso estudio jurídico.

Leé completo el informe haciendo clic aquí.