El hombre que se niega a crecer y huye despavoridamente de las responsabilidades personales y sociales es un especimen repetido en la actualidad. De apariencia adolescente pero con los treinta años pasados hace rato, esconden infinidades de miedos y una gran carencia afectiva detrás de una pantalla cautivante de seres seductores, audaces, arrogantes y extremadamente simpáticos.
“Salen los siete días de la semana, invierten su dinero en autos, ropa, viajes, fiestas y variedad femenina. Está todo bien hasta que se involucran sentimentalmente con alguien", comenta Florencia (32), quien vivió tres años de su vida con un tipo que no quería crecer. "A medida que fue avanzando nuestra relación sentía que rechazaba cualquier sacrificio que tenga que ver con la vida en pareja y le costaba mucho tener autocrítica. A veces me preguntaba si podía llegar a formar una familia con él, hasta que me di cuenta de que la respuesta era no”, aseguró.
La psicología aceptó este término luego de la publicación del libro titulado The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (1983) -El síndrome de Peter Pan, hombres que nunca crecieron-, escrito por el Dr. Dan Kiley. Como es de suponer, el nombre proviene del fascinante personaje de la literatura infantil creado por James Mattews Barrie.
La historia del pequeño Peter Pan habla de un niño que huyó de su hogar para vivir con las hadas, en el país de Nunca Jamás. Allí continuará eternamente siendo pequeño, feliz, libre.
La primera vez que se relacionó el nombre de Peter Pan con un problema emocional fue en el año 1966, cuando el psiquiatra Eric Berne lo utilizó para mostrar al niño que todo adulto lleva dentro y que sólo se preocupa por satisfacer sus propias necesidades.
"El eterno Peter Pan es el que no asume los roles adultos. Lo que diferencia a un adolescente de un adulto es que el primero tiene poca capacidad de espera: quiere todo ya, es inmediato y no mira hacía el futuro. El adulto mira para adelante porque empieza a planificar un horizonte y tiene la capacidad de conocer las limitaciones que se van planteando a medida que pasa el tiempo”, afirma la Licenciada en psicología Beatriz Bizzotto.
La tendencia de vida es el “carpe diem”: aprovechá el momento, viví el hoy, la juventud es la fuente del éxito y del bienestar.
“El hombre es un ser social por naturaleza que va incorporando los paradigmas que impone la sociedad. En una época se defendió la virginidad y fue el paradigma en su momento, luego entró en escena el destape: la historia funciona así. Pero cuando las empresas empezaron a despedir a la gente mayor para incorporar gente de menor edad, se impuso la juventud como el máximo valor antes que la sabiduría, la experiencia y el conocimiento, todas virtudes que llegan con el paso del tiempo”, aportó Bizzotto.
Estamos frente a un síntoma social, una sociedad que se niega a crecer, a evolucionar, donde el hombre se siente inseguro y por eso elige priorizar el hoy. Mañana se verá. “Es muy difícil que una persona se de cuenta de lo que padece porque los síntomas, los síndromes y las enfermedades tienen que ver con paradigmas sociales. Yo me animaría a afirmar que vivimos, indudablemente, en una sociedad Peter Pan”, afirmó la psicóloga.
Estos hombres y mujeres que idealizan la juventud tienen dificultades para renunciar a sus propias necesidades para ejercer, por ejemplo, su función de padres. Se niegan a envejecer: pueden llegar a la adultez, tener 30, 40, 60 años o más, pero no alcanzan la madurez.
El problema está en el compromiso, comprometerse es elegir y elegir significa perder. Una característica notoria de este síndrome es que no se quiere perder nada.
A veces los disparadores tienen que ver con malas experiencias, pérdidas, inseguridades o simplemente con miedos que vienen guardando desde la niñez. Un ejemplo de esto es el que destaca Beatriz Bizzotto: hoy está de moda festejar los divorcios: “A veces las separaciones hacen un click y se despiertan las ansias de volver a la juventud. Regresan a la casa de sus padres, cambian la manera de vestirse, sienten que la vida les da una nueva oportunidad para ser un 'péndex'”.
En el caso de las mujeres, puede manifestarse en la adicción a las cirugías estéticas. “Esto tiene que ver con los principales temores de la mujer: miedo a perder a sus maridos, a la infidelidad, a la competencia femenina, básicamente a mirarse a un espejo y verse viejas”, explicó la psicóloga.
Aunque puede darse en ambos sexos, el síndrome es más frecuente en los hombres que en las mujeres. Quizás esto tenga que ver con el reloj biológico, las mujeres saben que superando los 35 años pueden tener dificultades para procrear, el hombre al no tener ese brete orgánico se relaja un poco más. “´Hay tiempo´, esa era la frase de cabecera de mi ex”, compartió Florencia (32).
En el cuento de Peter Pan también hay otro personaje importante: Wendy. Y este refleja otro síndrome, pero para las mujeres: se trata de aquellas que actúan como madres de este tipo de hombres. “Hacen todo para evitar el rechazo afectivo de su pareja; tienen la necesidad de ser aceptadas. Sus conductas llevan implícitas un complejo de inferioridad que las lleva a perdonar y a justificar todo, aunque sufran y no les guste”, describe la psicóloga Adriana Guraieb.
Y si la Wendy resulta ser una joven de veintipico de años, mejor. "Ellos buscan este perfil para sentirse orgullosos de mostrarlas, las colocan en un pedestal y piensan que ellas están dispuestas a aguantarlo todo. Además estadísticamente sobran mujeres de 25 años para hombres de 40”, ejemplificó la licenciada Bizzotto.
Los medios de comunicación nos muestran constantemente figuras que reflejan este síndrome en la sociedad. La telenovela del momento,“Graduados” –la tira de Telefe bajo la producción de Sebastián Ortega-, se basa en el deseo de recordar las mejores épocas de nuestras vidas, de repetir aventuras, de conservar a los amigos y mantenerlos en el tiempo y de no asumir responsabilidades. Son grandes “pendeviejos” que se ubican en lo más alto de los rankings televisivos.
Las preguntas que surgen, entonces, son las siguientes: ¿Es normal ver a un hombre de 40 años compartir noches de boliche con un chico de 20? ¿Está bien ver vestirse a un papá como un adolescente o a una madre como su hija? ¿Es un fenómeno actual que un hombre que superó los 40 no haya formado una familia o no se haya desarrollado profesionalmente?
Es un fenómeno del siglo XXI. Los verás en fiestas, reuniones, afters. Su núcleo social está formado por gente más joven. Y necesitan mucho afecto. Suelen sufrir crisis de angustia y ansiedad y estados depresivos pasajeros. Finalmente los profesionales aseguran que estos eternos adolescentes esconden un entramado inconsciente intrincado, de angustias, viejos temores y culpas que le impiden asumir responsabilidades adultas.
Parece que las claves para evitar la formación de este tipo de personalidades están en la crianza. Un buen consejo tiene que ver con no ser sobreprotectores como padres, ni dar sin exigir nada a cambio. Los hijos deben tener responsabilidades progresivas según su edad, para que comprendan que además de derechos también cuentan con obligaciones.
Las parejas complacientes que asumen todas las responsabilidades por el otro y que aceptan todas las actitudes infantiles de su amado, también son un poderoso caldo de cultivo para una personalidad de Peter Pan.
Agradecimiento: Elizabeth Beatriz Bizzotto Licenciada en Psicología
Matricula: 1015
Se desempeña en el servicio penitenciario de la provincia de Mendoza.