A un grupo de obreros de la industria cementera nunca se les hubiera ocurrido que trabajarían en otro rubro. Ni en sus sueños más locos, se les habría pasado por la cabeza que serían los impulsores de un emprendimiento turístico, que abrieron después de que les anunciaron el cierre de la empresa en la que estaban desde jóvenes.
En 1993 a un puñado de empleados de la ex cementera Minetti le ofrecieron el retiro voluntario, ya que la firma dejaba de producir. Los hombres pasaron momentos de desesperación, pero luego llegaron a un acuerdo con la empresa formaron la Cooperativa Provisión de Servicios Sociales y Turísticos Capdeville.
Roberto Guajardo, el presidente de la cooperativa.
Veintinueve obreros se hicieron cargo de un predio que la empresa tenía camino a Villavicencio y ofrecen las casas, en las que anteriormente vivían los gerentes, a mendocinas y turistas que quieran pasar unos días de descanso, con el paisaje de la cordillera como atractivo central.
La cooperativa forma parte de la Mesa de Empresas Recuperadas de Mendoza, un movimiento que nació en la década del 90, como una respuesta al cierre firmas en el país.
Cambio de rubro
Roberto Guajardo, el presidente de la cooperativa, contó el recorrido que hicieron para pasar de ser obreros de una cementera a emprendedores turístico.
Cuando les anunciaron el retiro voluntario, intentaron poner en marcha nuevamente la planta de cemento, ubicada en el distrito de Capdeville, a 14 kilómetros de la Ciudad. Pero después de recorrer el lugar, comprendieron que los daños del horno, el molino y el resto de las máquinas, les impediría lograr ese objetivo.
Por esos días se enteraron que la firma tenía la intención de demoler un barrio, ubicado en calle Rampi, distrito de Capdeville, donde anteriormente vivían algunos trabajadores y gerentes. Decidieron intentar salvar el lugar y ahí surgió la idea de impulsar un emprendimiento turístico.
Una de las habitaciones que los obreros ofrecen a los visitantes.
En marzo de 2003, los obreros firmaron un acuerdo con la comuna de Las Heras y la empresa. Ahí se estipuló que la firma donaría el terreno donde estaba el barrio a la municipalidad, quien en un paso posterior debía ponerlo a nombre de la cooperativa.
Guajardo contó que en ese momento surgió la idea de formar un emprendimiento turístico, aprovechando las casa, la tranquilidad del lugar y el paisaje.
Los 29 hombres, que nada sabían de turismo, hicieron cursos de capacitación y después de arreglar el lugar con la ayuda de sus familias se lanzaron a buscar turistas deseosos de tranquilidad.
Con sus propias manos, los trabajadores recuperaron la pileta.
Los obreros ofrecen servicio de alojamiento –tienen 130 camas disponibles- y actividades recreativas como cabalgatas y caminatas, que contrataron a través de terceros.
Otro de los integrantes de la cooperativa, Manuel Bracamonte, explicó que les costó el tema del turismo, pero que de a poco fueron aprendiendo y ahora se ocupan personalmente de todo.
Los trabajadores son conscientes que deberían hacer más arreglos al lugar, que cuenta con pileta y cancha de fútbol, por eso su filosofía es ofrecer lo que tienen y no lo que les gustaría tener.
Ahora, los trabajadores están poniendo a punto un salón que se incendió.
Guajardo explicó que el problema más grave que enfrentan es que las autoridades comunales no cumplieron con el acuerdo firmado, nunca escrituraron el terreno –que sigue a nombre de la empresa- y mucho menos lo cedieron a la cooperativa.
Esta situación les impide acceder a créditos para hacer mejoras en el predio e incluso ingresar a circuitos de turismo, y que si bien legalmente son una cooperativa, no tienen el predio a su nombre. Aunque tuvieron cientos de reuniones para destrabar el tema, nunca obtuvieron una respuesta favorable.
Pero los obreros siguen adelante y hacen todos los trabajos en el predio, son jardineros, plomeros, pintores y hasta cocinan para los turistas que lo solicitan.
Las casas son amplias y, por ejemplo, una con capacidad para seis personas cuesta 290 pesos por día y una para 20, 850 pesos.
Para llegar se toma la ruta 52 hacia Villavicencio y al llegar a la cementera Holcim hay que doblar a la izquierda por calle Rampi, unos kilómetros más adelante está ubicado el predio.
Pese a los inconvenientes, los obreros que nunca soñaron con trabajar en otro rubro que no fuera el del cemento, siguen apostando al emprendimiento turístico que nació cuando les dijeron que cerraba la empresa en la que trabajaron desde jóvenes.