Conocé los síntomas que delatan el pánico

Sólo es miedo; sin embargo, el gran problema es ese y la dificultad de sortear el pánico trastorna las sensaciones biológicas del organismo. Las crisis se presentan con frecuencia de noche.

El ataque de pánico, cada vez más frecuente en nuestras sociedades contemporáneas es una crisis que se desencadena sin causa aparente y durante la cual se suceden una serie de síntomas físicos muy alarmantes.

El miedo les lleva a perder el control y la crisis suele terminar en la sala de urgencias de un hospital. Allí escuchan el diagnóstico con absoluta incredulidad: "Lo único que usted tiene es una crisis de miedo. Tómese un tranquilizante y siga una terapia". Las primeras reacciones suelen ser de rabia. Alguien que ha padecido dificultades respiratorias, fuertes taquicardias, sudoración fría y la absoluta certeza de que en breve sufriría un ataque al corazón no puede creer que todo se deba a una mala pasada de su propia imaginación.

Según se informó en el sitio Quo.es las crisis de pánico suelen sufrirse más por la noche. Lo complicado es entender que los síntomas no son un invento, han sido reales, pero que la causa no es ninguna enfermedad mortal ni mental, sino el pánico. El cuerpo reacciona así ante un miedo que fabrica la mente y que resulta muy complicado desactivar. Estos ataques surgen repentinamente.

"Hay situaciones más habituales, por ejemplo, cuando te vas a la cama, o en el cine antes de que comience la película… La oscuridad, el momento de tranquilidad antes de dormir, hacen que puedas ocuparte más de lo que te está ocurriendo. De pronto notas una pequeña punzada en el pecho, piensas en ella, después notas que tu respiración se acelera…  y el mecanismo ya se ha puesto en marcha", explicó Héctor González Ordi, uno de los mayores expertos en España en Ansiedad y Estrés.



Mientras la ansiedad generalizada es más bien crónica, permanente y fluctúa según las circunstancias y los factores externos, las manifestaciones que acompañan a las crisis de pánico aparecen sin previo aviso, alcanzan su máxima expresión en menos de diez minutos y suelen desaparecer al cabo de este tiempo.

No tiene por qué existir una clara situación desencadenante, a veces la persona está tranquila y relajada, incluso plácidamente dormida. Pero la sensación de locura y de muerte inminente es tal, que quien se enfrenta a este mal siente la necesidad de huir o de pedir ayuda, no llega a olvidarlo jamás y durante mucho tiempo sólo teme que le vuelva a ocurrir.

Completá la lectura de este informe en Quo.es.