Bebés: mejor descalzos hasta que puedan caminar

Zapatillas, botas, hojotas, sandalias; todo versionado para los más chicos. Sin embargo, los médicos recomiendan el uso de calzado, sólo cuando la criatura sabe caminar y sostenerse sobre sus pies. De lo contrario, la opción más saludable es andar descalzo.

Los recién nacidos tampoco escapan a la moda. Las tiendas y locales de ropa infantil también contemplan zapatitos para los más bebés. Sin embargo, especialistas recomiendan que "andar descalzos es la mejor opción hasta que sepan caminar y sostenerse con seguridad".

Roberto Pascual, profesor de Podología en la Universidad Miguel Hernández de Elche, señala que el calzado no es necesario hasta que el niño sea capaz de caminar por sí solo.

"En la etapa de gateo y pregateo, sólo sirve de protección frente al frío", destaca este podólogo.

La clave está en la exquisita sensibilidad que tienen las plantas de los pies al nacer ("mayor que la de las manos"), de manera que al calzarles se reduce la información que reciben del medio que les rodea y su capacidad de interactuar con éste.

A la hora de elegir sus primeros zapatos, Pascual recomienda que sean "lo más flexibles posibles", y con algún tipo de sujección (como el velcro).

A partir de ahí, añade el podólogo, la clave está en adaptar el calzado a las actividades que vaya desarrollando el niño; con zapatos cada vez menos flexibles (sin llegar a ser rígidos) y con algún tipo de contrafuerte en el talón.

Es importante, añade, no usar botas ni calzados más altos del tobillo. "Cuando se piensa en el calzado infantil, los padres tienden a pensar en modelos que le den estabilidad; pero es a la inversa. El pie tendrá estabilidad por sí solo, el zapato no puede suplir las funciones del pie".



"Lo normal es que los padres no detecten ningún signo de alerta hasta que el niño ya ha alcanzado una marcha más o menos estable, hacia los tres años", explica, "porque antes de esa edad es difícil".

Aunque en algunas comunidades los pediatras realizan una revisión del pie hacia los cuatro o cinco años y pueden remitir a un podólogo infantil si detectan alguna anomalía, "lo normal es que los padres vengan por comparación con otros niños.

'Mi niño camina torpe', 'se tropieza', 'anda más raro que su amigo'...", explica Pascual. En la mayoría de estos casos no tiene porqué haber nada patológico, tranquiliza, simplemente que algunos niños tienen quizás un desarrollo motor más lento.

Para leer el informe completo hacé clic aquí.