La única foto de su hija que queda a la vista está ahí arriba, en una repisa, junto a varias chucherías que también eran de Natalia, cosas que ella amaba. Una psicóloga que venía a la salita le recomendó sacar todas las fotos de Natalia porque eran un elemento que le causaba más dolor, así que ella le hizo caso, pero no del todo, porque quiso dejar esa foto, esa que le sacaron a su hija el día en que le festejaron los quince y consiguieron prestado ese vestido que le quedaba pintado. Una de las vecinas del fondo les prestó el vestido, que era de una hermana que había tenido la suerte de casarse con un ingeniero. Doña Tuti le regaló como veinte docenas de empanadas, porque ella siempre dijo que la Nati era como la nieta que no iba a tener, y unos amigos le consiguieron un equipo de música. Las gaseosas y las cervezas vinieron de regalo. Las consiguió el diputado. Porque él es así. Cuando se enteró de que le estaban preparando la fiesta de quince a la Nati ahí nomás se ofreció a regalarle las bebidas. Y después hasta vino un rato esa noche. Buen tipo el diputado, o mejor, el senador, porque era diputado por entonces, pero ahora es senador.
Y esa noche le sacaron esa foto, la única que queda a la vista. Fue una verdadera fiesta, vinieron como cincuenta chicos y el patio de la casa quedó chico, pero de dónde iban a conseguir plata para alquilar un salón. Así que como a la una de la mañana a uno de los pibes se le ocurrió que había que ir a bailar a la calle y ahí nomás desconectaron todo y llevaron el equipo de música a la vereda. Como todos los vecinos sabían que era el cumpleaños de la Nati, ninguno se quejó, al contrario, algunos hasta vinieron a bailar y a saludarla a la Nati. Como hasta las seis de la mañana estuvieron bailando, y a la mañana siguiente en la cuadra no volaba una mosca, claro, si estaban todos durmiendo.
De esa noche es la única foto de Natalia que está a la vista y que ahora la madre mira sin entender. Porque no entiende la muerte, o al menos la muerte de una niña de quince años. Y tampoco entiende cómo fue que Natalia se quedó embarazada, si todo el tiempo le decían Nati cuidate, Nati cuidate. Y menos puede entender qué se le cruzó por la cabeza cuando la dejó ir a lo de la Pancha para que le hiciera la limpieza. De ahí al hospital, la puta madre, y del hospital a un pozo en la tierra.
Y todas esas imágenes se le amontonan ahora en la cabeza a la mujer. Porque mira la foto y no entiende, no puede imaginarse el mundo sin Natalia, aunque lo viva todos los días. Y menos puede imaginarse que sea de la boca del senador que haya salido eso que ahora escucha en la televisión que él anda diciendo por ahí. O mejor, no por ahí, porque en la Legislatura lo dijo. La imagen del senador el día de la muerte de Natalia se le viene a la cabeza con total claridad. Estas cosas no deberían pasar, le dijo él en ese momento, y no sólo se lo dijo a ella, también se lo dijo a su marido, y lo repitió un par de veces. Y el senador estaba muy triste de verdad, porque a la Nati la conocía desde chiquita, porque ella era una piojita que apenas si se despegaba del suelo cuando comenzó a caminar con su madre el barrio para convencer a los vecinos de que lo votaran a él. Es que la mujer desde hace años que es afiliada, además de que desde hace la misma cantidad de años le milita el barrio al senador, desde antes de que fuera diputado, y desde antes de que fuera concejal. Siempre le agitó el barrio al senador. Siempre.
Por eso no entiende.
Por eso no quiere creer que ahora ande el senador diciendo esas cosas sobre las chicas que se quedan embarazadas y deciden no tener el bebé. No quiere dar crédito a lo que dicen que el senador ha dicho en la Legislatura, porque él sabe perfectamente que la Nati era una chica guapa y estudiosa, pero, bueno, se quedó embarazada, y nada le hubiera pasado si no fuera porque tuvo que ir a lo de la Pancha para no ser madre a los quince. Por eso no puede ser el senador el que diga eso, porque él sabe que hay chicas que se quedan embarazadas porque no tienen ni idea de lo que están haciendo, y también sabe que hay otras a las que ni siquiera les dieron oportunidad de elegir, y seguramente también sabe que lo que le pasó a la Nati le pasa a miles de pibas más por no haber un sistema que las proteja cuando no quieren ese embarazo que llevan consigo.
No entiende. Pero tampoco sabe si llamarlo o no al senador para preguntarle si es cierto que dijo lo que dicen que dijo, porque tiene miedo de que sea verdad. Por eso mira la foto de la Nati y llora, porque no entiende cómo puede ser esa niña le ayudara a llegar a senador y ahora él no se anime a ayudar a miles de Natalias que andan por ahí.
Alejandro Frias