En su día, a mamá regalale un...

El Flaco llegó tarde porque cuando venía en el auto se acordó de que todavía no compraba los regalos por el Día de la Madre, así que cuando nos contó por qué se había demorado, ahí nomás nos pusimos a repasar lo que cada uno le había comprado a las madres que tenía a su alrededor, hasta que alguien se acordó del cartel...

Nos parecía extraño que no hubiera llegado el Flaco, porque será todo lo flaco que quieras, pero si hay asado se prende ahí nomás y morfa como una bestia. La teoría del Pela el Flaco es marciano y necesita más energía que cualquiera de nosotros, por eso come tanto, pero todavía ninguno ha podido comprobar que venga de otro planeta.

Justo llegó el Flaco al final, cuando el Manolo estaba sacando los chorizos y una entrañita de la parrilla. Hicimos un brindis por su puntualidad y le entramos a la nerca. Claro que quisimos saber qué lo había demorado tanto, así que el Flaco nos contó, mientras se servía tres kilos de ensalada rusa para acompañar el asado, que venía en camino cuando se dio cuenta de que estaba pasando al lado del shopping, así que ahí nomás pegó el volantazo y se metió para comprar los regalos para el Día de la Madre.

El Pipa, que justo le había apuntado al centro de la boca con el tenedor cargado, apartó el bocado y con la palma de la mano libre se dio un golpe en la frente, con lo que todos entendimos que se había olvidado de comprar los regalos.

Me voy a poner un recordatorio en el teléfono, dijo el Pipa, porque si no lo hace así no se acuerda más, viste cómo es. Entonces nos pusimos a relatar lo que cada uno de nosotros les habíamos comprados a las madres que nos rodean, algunos con detalles, como el Flaco, que fue el que empezó la ronda de enumeración y que contó lo que le había comprado a la esposa, a la madre, a la suegra, a su hermana y a su cuñada.

Algunos no hicieron la lista tan larga, porque ya no tienen a la vieja o porque está lejos, porque a la suegra no la pueden ni ver, porque no tienen hermanas ni cuñadas ni abuelas, y cuando le tocó el turno al Pela, el relato fue extremadamente breve, a decir verdad, nulo, porque no había comprado ni un regalo. Y es que su vieja y sus hermanas viven en Montevideo, que es de donde se vino el Pela, y a la ex, dijo, no le compraba regalos.

Yo tampoco, dijo el Pipa, que ya cuenta con dos ex. Yo los primeros años le compraba y se lo mandaba con los chicos, contó el Tolo, pero después, te digo, me terminó quitando las ganas de mandarle regalos.

¡Uf! Antes de que el Tolo empezara con la perorata de siempre de que la ex le quemaba el cerebro y de que el abogado le había dicho tal o cual cosa y demás, lo que ya conocemos todos, bah, si lo cuenta cada vez que tiene posibilidad, antes de todo eso, decía, el Flaco salió en auxilio de todos preguntando en voz alta si ninguno de nosotros le iba a regalar a la esposa una cirugía estética.

¡Salí!, le dijimos, cómo vamos a regalarle a la que te jedi una cirugía estética. ¿Pero qué tiene?, preguntó el Flaco mandándose el último pedazo de chorizo a la boca, ¿no se han dado cuenta de que ahora está de moda?

Y ahí fue cuando me acordé de los carteles que había visto en los que asomaba un culo con tanga bien finita y había una leyenda de que le regaláramos eso que promocionaban a las madres en su día, que no era que hiciera referencia al culo, sino a un tratamiento de belleza. ¿No los han visto?, pregunté. ¡Sí, cómo no!, respondieron algunos, y a los otros algunos que no los habían visto les tuvimos que explicar de qué venía la mano.

El Tolo se extendió un poco en la descripción del culo y después hizo hincapié en la leyenda que promocionaba el dos por uno en ese salón de belleza (nos preguntábamos si se denominaban así esos lugares, pero como ninguno de nosotros podía dar una respuesta convincente, seguimos diciéndole salón de belleza).

¿Y dos por uno qué?, preguntó el Manolo mientras traía la segunda tanda de asado. ¿Qué se yo?, le dije, ¡pagás por un cachete del poto y te arreglan los dos!

¡No, boludo!, tiene que ser que paga una persona y le arreglar el traste a dos, intervino el Pela, y el Pipa saltó diciendo que eso era un problema, porque mirá si tu esposa decide que le dejen el poto así de redondo y todo eso y además decide que la persona que reciba el otro tratamiento, el gratuito, sea tu suegra.

¿Te imaginás tener un suegra con ese traste?, preguntó casi retóricamente el Tolo, mejor les doy el regalo que les compré y a otra cosa.

Che, hablando de culos, ¿vieron lo que le pasó al Chicho?, intervino el Flaco, cambiando de tema mientras se servía tres kilos más de ensalada rusa en el plato para acompañar las costillas que el Manolo le había dejado recomendado.

Alejandro Frias