Un hombre se acercó al ascensor del edificio en donde vivía y llevaba a su perro con una correa. Todo estuvo bien, subió al ascensor, marcó el piso al que se dirigía, la puerta se cerró y...¡sorpresa! se quedó con la correa pero su perro nunca entró al ascensor.
El hombre se desesperó, trató de detener el ascensor pero no pudo, se tiró al suelo y se agarró la cabeza, en la cámara de seguridad se lo vio verdaderamente afligido por la situación.
Afortunadamente todo terminó bien, incluso el perro, aún asustado por lo sucedido, fue socorrido por una chica que bajó de otro ascensor.
Una desgracia con suerte.