Una nueva edición de la guerra de Malvinas está fuera de discusión para los argentinos. En la encuesta publicada por MDZ, más del 60 por ciento votó que no pelearía por las islas, independientemente de querer recuperarlas o no.
También en el muro deFacebook del diario publicamos la misma pregunta y explotó de comentarios y las opiniones van de un argumento al otro como un juego de ping pong.
“Mandaría a todos los políticos a pelear”, “¿Por qué morir por algo que es nuestro?”, “Hay que pelear con diplomacia y condicionamiento”, son algunos de los más de 50 comentarios de la gente que decidió opinar en el Facebook de MDZ.
La experiencia bélica de 1982, infinitas veces tildada de absurda, dejó un crudo resentimiento en el colectivo social. La hostilidad de la guerra está completamente deslegitimada, ni siquiera es una opción para recuperar un territorio que todo argentino siente como propio, sobre todo porque la sociedad está conciente de los nulos recursos militares del país.
Una ofensiva similar no sería una opción atractiva y el camino más eficiente parece ser la ruta diplomática, según expresaron nuestros lectores. Sin embargo, el descreimiento político y la crisis de representación dificultan este camino, su eficiencia decrece y, para la gente, el conflicto diplomático es un burlesco nacionalismo encubierto, un disfraz que sólo oculta las carencias de un sistema que no sabe para donde agarrar.