eslabón de lujo
un niño ayuda a su padre a tender la ropa
juntos hacen una cadena efímera de manos y palabras
el niño pregunta y el padre cuelga las dudas
las aprisiona con los broches para que no se vuelen
para que sea más fácil luego plancharlas
pero el niño se queda solo en el patio eleva la cara
contra el sol así las gotas de las respuestas
golpean una a una en su cabeza esa piedra llena de poros
olvido y caricias húmedas de cien por ciento algodón
como si una fina lluvia en mangas de camisa
viniera a revelarle un deseo que ya conocía
y la piedra bajo un efecto de erosión inusitada
se abre para siempre
arqueólogo del café
escarba escarba el frasco de café
y se vuelve instantáneo el recuerdo
sin filtro la comparación con ese coronel retirado
a quien el correo le retenía las palabras
como una esperanza que se sabe analfabeta como
toda una correspondencia en blanco
que flota inmóvil en su río sin descendencia
porque clava la cuchara hasta el fondo
una herramienta de arqueología que excava excava
en el pedregal de los granos molidos
para que frente a sus ojos el vapor de la pava
provoque la apertura de un sobre vedado
la historia soterrada de un hombre
que niega para sí el derecho a sentir dolor
encontrarlo en la calle refugiarlo en la casa
de su cuerpo y darle un nombre
como si fuera un perro veterano
que perdió el olfato y sus huesos