Como la primera afirmación puede levantar polvareda en las cabezas desérticas (o bien cultivadas pero a las que de tanto en tanto les corre un Zonda), partamos de una aclaración necesaria: no soy K, tampoco “opo”, y como sería muy extenso explicar más, además de que es de esperar que al lector le alcance con lo dicho para no encasillarme, vamos directo al grano y larguemos nomás esa afirmación que ya se hace esperar.
El Flaco, editado por Planeta, el nuevo libro de José Pablo Feinmann, es el mejor alegato kirchnerista escrito hasta ahora, y es de suponerse que costará mucho superarlo.
Con un estilo directo, en primerísima primera persona y a mitad de camino entre el ensayo, las memorias, la novela y varios géneros más, Feinmann, conocedor del valor y la fuerza de las palabras y del cuidado que estas merecen, va construyendo una figura que, ante todo, se aproxima al mito.
Es así de sencillo. Feinmann se propone construir el mito, y El Flaco es un buen camino. A través de estos “diálogos irreverentes con Néstor Kirchner” (tal el subtítulo del libro) mantenidos con el ex presidente desde que este lo hiciera llamar como consecuencia de uno de los artículos publicados en Página 12 por el filósofo, el autor va construyendo la imagen de un tipo sencillo, simple, a quien el poder no obnubila, pero con una fuerza extrema que sólo podrá ser vencida por su convicción de luchar hasta el final. Un animal político capaz de negociar en buenas y en malas condiciones, con viento a favor o en contra, un revolucionario de la política. Un mito del siglo XXI.
Combinando la historia, la filosofía, la sociología, la política, Feinmann logra una narración literaria de gran calidad, distante de sus novelas y sus ensayos (no en calidad, sino en estilo, que quede claro), mediante la cual aprovecha para sentar posiciones, defenestrando a personajes de la política y la farándula, a empresarios y periodista, pero siempre recurriendo al humor, logrando así una proximidad con el lector, una intimidad de mesa de café, de asado en el que los amigos comparten sus posiciones políticas y no ahorran palabras para expresarse.
Yendo y viniendo en espacios y tiempos, alternando a los protagonistas de sus relatos, siempre en la posición de observador, de mero testigo de una historia (la Historia) que lo supera pero de la que es espectador y actor privilegiado, usa este involucramiento y la simpleza de las frases de Kirchner para darle entidad de héroe a quien desde 2003 se hizo cargo de un país que se hundía.
Así, Feinnman se convierte en un Homero contemporáneo, mientras que Kirchner será ese Ulises dispuesto a embarcarse (contra viento y marea, en el peor de los mares y ante la incertidumbre, pero con solidos principios como estandarte) para rescatar a Helena, ese que con suspicacia y decisiones extremas podrá vencer al Cíclope, eludir el encanto de las sirenas y no caer en las trampas de Cirse. Un héroe forjado con el material de la voluntad.
Feinnman se lo propone y lo logra.
El Flaco es, como ya se dijo, el mejor alegato del kirchnerismo, una narración en la que los hechos cobran entidad mítica, meticulosamente elaborada para poner en duda cualquier principio ajeno al kirchnerismo y con la que Feinmann va por todo, y puede lograrlo.
Alejandro Frias