Liquidaciones: una mentira más grande que una casa

Estamos en la época furiosa de liquidación de invierno. Los comercios están próximos a renovarse con nuevo stock, y parece ser que no podemos desaprovechar las “big sales” que seducen con letras gordas y rojas desde cada vidriera. ¿Por qué no pasa aquí como España o EE.UU.? ¿Conviene ir a comprar? Entrá a la nota de MDZ Cool y dejá tu opinión.

Una falacia: las rebajas de temporada. Foto: web
Una falacia: las rebajas de temporada. Foto: web

Es un momento del año verdaderamente contradictorio.

Como consumista al extremo y fashionista declarado, adoro cuando llega el tiempo de las rebajas… pero al mismo tiempo lo aborrezco. Me fascina porque ir de shopping es una de las cosas que más me gusta hacer: me pone de buen humor, me renueva, me alegra. Pero al mismo tiempo se desata mi fiebre compulsiva y no tengo control: soy extremadamente pródigo.

Además de esa lucha interna entre mi ser racional, el que pretende medirse y ahorrar, y el verdadero yo –el impulsivo, el consumista, el insaciable- me amarga una certeza: no solo en Mendoza, sino en toda la Argentina, nos estafan.

¿Por qué nos estafan? Antes hay que hacer una breve distinción. Una cosa es cuando se habla de saldos o de segunda selección: son aquellas prendas que tienen alguna rotura o falla. Otra diferente es la oferta, que se produce cuando una determinada línea de ropa tiene un precio menor o se destina un sector del local –un par de canastos, o algún estante- para ubicar algunas prendas determinadas más baratas.

Finalmente, la liquidación es una tercera instancia: se produce cuando toda la mercadería está en rebaja.

Lo cierto es que las liquidaciones, en este país, son una mentira más grande que una casa.

¡Qué falacia!

Si bien en los percheros uno encuentra algunas prendas con descuento, la verdad es que de ninguna manera tienen algo que ver con las “gangas” anunciadas con estridentes colores y demás estrategias –publicidad, promotoras, mailing, presencia en las redes sociales, etc.-.

Un artículo del diario La Nación que leí hace tiempo explicaba que las mega rebajas de países como Estados Unidos o España son distintas porque la cantidad de consumidores es clave. En los Estados Unidos, por ejemplo, hay 200 millones. Además, las cadenas que hacen este tipo de liquidaciones se proveen de mercadería hecha en Asia. Acá tenemos un mercado más chico y costos de producción argentinos que no pueden compararse con los costos de producción en China. La diferencia está especialmente en el precio de la mano de obra.

“Tengo una amiga que es una ridícula: ve que te compraste algo, y va y se compra lo mismo, aunque sea un quemo total. La cosa es que cayó feliz de la vida con el mismo pantalón que yo me había comprado cinco meses atrás y me dice, como justificándose: ‘es que lo compré re barato, porque estaban liquidando. ¡Me salió $450!’. Te juro que me dieron ganas de contestarle ‘¡Bol$%&, te vieron la cara, a mi me Salió lo mismo!’”, me contaba ayer una chica en una nota de Sociales.

Hace un par de días paseaba por el centro comercial lindo, cheto, ese que está en Godoy Cruz… y me acordé de una camisa a la cual hace un par de meses atrás le había echado el ojo. Era cara, pero ahora el negocio en cuestión ostentaba rutilantes letras coloradas que anunciaban que los precios habían bajado hasta un 50%. Por ende, y a pesar de tener todos los pensamientos expresados anteriormente en esta columna ya rondando en mi cabeza, me zambullo dentro, crédulo una vez más.

-¿Cuánto sale esta camisita? (se lo digo con vocecita más o menos aguda y como si, por identificarla en diminutivo, fuera a salir más barata).

-$480

-Ah… gracias. Te la dejo.

Nota: hace un par de meses, cuando me la encontré por primera vez, costaba $500.

¿Somos capaces de comprar una chalina a $150 solo porque tiene el cartelito que dice “liquidación”?

Otro bajón

Encima de que te mienten con los precios, entrás a los negocios que liquidan y te deprimís. Hay una ley de Murphy –bueno, no estoy seguro si es una ley de Murphy, pero debería serlo- que dice que jamás vas a encontrar tu talle fácilmente. Bueno, en esta época, esa máxima se acrecienta. O esconden los talles más vendidos, o se los quedan para ellos, o se los vuelan el primer día; porque todo es XS o XXL.

Yo me inclino por pensar que la oferta se vuela: a pesar de que nos estafan, salimos y compramos.

Cierro con otro sucedido de un colega: hace una semana paseaba conmigo por un exclusivo centro comercial porteño. Encontró, unos pantalones a precio razonable, y fue a probárselos. La tienda era tan exclusiva que en los probadores tenías una especie de “asesor” que le tomaba medidas y le aconsejaba sobre si la prenda era sentadora o no.

El problema es que, de golpe, el muchacho se acordó que traía unas medias blancas de toalla agujereadas y un slip estiradísimo de esos que comprás a cinco por diez pesos y que tienen leyendas tipo “agarrá este paquete, mamita”.

Moraleja: hacé las compras en los lugares acorde a tu sueldo. No quieras dar Patio Bullrich, si en el fondo tenés calzones del “persache” de General Paz y Godoy Cruz.

Federico Croce en Twitter: @federicocroce