Juan Gelman: "Del amor" y otras cuestiones

En su espectáculo, el poeta habla del amor a la vida, así de enorme, y habla del rechazo a la violencia, de una forma de convivencia pacífica en la que prima la sinceridad. Habla de un amor inconmensurable, aunque las mujeres sean las figuras aparentes a quienes se destinan sus palabras.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Mendoza acaba de vivir dos días especiales, porque estuvo por aquí Gelman, nada más y nada menos que Juan Gelman.

Puede pensarse (aunque algo de esto haya) que es una mirada parcial la que sostiene esta afirmación, la mirada de alguien a quien particularmente le interesan las letras. Pero si se piensa que Gelman atravesó ya ocho décadas, que vivió gran parte del violento y sangriento siglo XX  con sus varias dictaduras, que una de ellas mató a su hijo y a su nuera, que pudo recuperar a su nieta hace poco, que tiene una palabra tan fuerte que es capaz de acariciar y de agredir y que, encima, a pesar de todo, no pierde la posibilidad de hacer un chiste y terminar una frase con una sonrisa, entonces se justifica que alguien pueda elevar su visita a la categoría de especial.

El espectáculo que ofreció anoche junto a Mederos Trío es una demostración de esto, porque, en él, Gelman, al hablar del amor, no se remite a la sensiblería, sino que apunta directo a ese concepto de amor que es más grande que una persona, que una civilización, si se quiere, y que cualquier empalagoso osito de peluche.

Gelman habla del amor a la vida, así de enorme, y habla del rechazo a la violencia, de una forma de convivencia pacífica en la que prima la sinceridad. Habla de un amor inconmensurable, aunque las mujeres sean las figuras aparentes a quienes se destinan sus palabras.

Un tipo que conoció la derrota y el dolor y vuelve de ellas enriquecido, capaz de no callar y buscando siempre la forma del mejor decir, no es un tipo cualquiera.

Y en momentos de ambientes enrarecidos y convicciones poco sostenibles, tener por un par de días en estas tierras a alguien como Gelman (sin desmerecer a los tantos que andan por ahí tratando de desenrarecer y de sostener) es un privilegio.

De observaciones tan elementales sale eso de “dos días especiales”, que ojalá tengan su estela.

Alejandro Frias