Nadia Comaneci, aquella niñita flaquita de 14 años, con el pelo atado y flequillo, cumplía en 1976 un récord, lograba un 10 de la gimnasia, el primero en la historia, en los Juegos Olímpicos de Montreal.
"Guau. Es difícil creer que han pasado 35 años desde ese histórico 10,00", reconocía ayer en su Twitter la mejor gimnasta de la historia, hoy afincada en Estados Unidos. "Gracias a mis compañeras de equipo, a mis entrenadores y a mis fans".
Aquel ejercicio de paralelas, tantas veces repetido, era el obligatorio. Hasta 1996 todas las gimnastas debían realizar la misma rutina el primer día de competición (de ahí su nombre). Era un poco aburrido para los espectadores ver a las pequeñas atletas repetir una y otra vez los mismos elementos básicos en potro, paralelas y barra, oír hasta la extenuación la misma música en el suelo. Pero era una forma también de facilitar la expansión de la gimnasia a los países más modestos y, claro, de distinguir a los mejores.
Venía de arrasar en los Europeos de Skien ese mismo año. Pero en los Juegos de Montreal se dio a conocer al mundo entero, no solo a los locos seguidores de la gimnasia. "Nadia era especial", recuerda Gloria Viseras, por entonces una niña de nueve años que empezaba en la gimnasia y luego coincidiría con la gran campeona en Moscú 1980 y en varios Europeos y Mundiales. "Lo que la hacía diferente es que era perfecta. No eran solo los ejercicios, que también. Era su carisma, cómo saludaba... Era todo". Viseras no recuerda haber visto el ejercicio en directo: "Creo que lo repitieron luego, por lo que supuso. Fue increíble".
El vuelo perfecto de Nadia Comaneci
Hace 35 años la joven gimnasta rumana cumplía el desafío y lograba un 10.00 en su calificación en Montreal. Como el gol de Maradona ante Inglaterra, esto es un momento en la historia del deporte para recordar.